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Cultura

Coro Queer Chile: Las voces que encontraron en la música un espacio para cantar sin etiquetas

La agrupación nació en 2022 a partir de una pregunta sencilla: si en otras partes del mundo existían coros vinculados a las diversidades sexuales y de género, ¿por qué en Chile no había un espacio similar? Cuatro años después, reúne a más de 50 personas y cuenta con una estructura organizacional que busca profesionalizar su trabajo y proyectarlo en el tiempo.

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  • Claudio Cortés Carvajal

  • Viernes 21 de agosto de 2026 - 16:07

En un coro tradicional, las voces suelen estar asociadas a categorías de hombres y mujeres. En Coro Queer Chile, no. Las diferencias también se escuchan en el repertorio. Mientras una agrupación coral convencional difícilmente incluiría canciones de Supernova, Elton John o ABBA, en Coro Queer Chile sí.

Estas son algunas de las transformaciones que ha impulsado la primera agrupación coral chilena integrada exclusivamente por personas de la comunidad LGBTIQA+, refrescando los códigos tradicionales del canto colectivo.

Foto: Joaquín Jiménez

¿Cuál fue el origen de la agrupación? Todo comenzó cuando Benyamil Giacaman, co-fundador del Coro Queer Chile,  veía "Sex and the City 2". En una de las escenas, un coro de hombres gay participaba de un matrimonio. La imagen conectó con algo que él mismo había experimentado durante años como integrante del mundo coral.

“Respondía también a una necesidad propia de identidad, de ser LGBTIQA+”, recuerda Giacaman, presidente y director ejecutivo de la agrupación. La idea terminó de tomar forma junto a Camila Arce y Axel Holm, a quien conocía de sus estudios de canto lírico y que había pasado, al igual que él, por distintos coros. Holm se incorporó finalmente como director musical.

Desde un comienzo decidieron incorporar a personas de distintas identidades pertenecientes a la comunidad LGBTQIA+, de esta manera se diferenciaban de las experiencias que hasta el momento conocían.

El proyecto, sin embargo, todavía estaba lejos del coro que existe actualmente. La idea original era crear una agrupación profesional o semiprofesional, integrada principalmente por personas con formación vocal y conocimientos musicales. Pero las primeras convocatorias modificaron esos planes.

Foto: Víctor Muñoz

A las audiciones comenzaron a llegar personas que querían participar aunque no supieran leer partituras o carecieran de experiencia coral. Los fundadores decidieron entonces abrir una segunda instancia y mezclar ambos grupos. Así se conformó el primer elenco, integrado por alrededor de doce personas.

El primer año fue también un periodo de ensayo y búsqueda. Había música renacentista, negro espiritual, una canción de cuna, entre otras. Pero hacia 2023 surgió una pregunta que terminó modificando el rumbo del proyecto. ¿Cómo podían diferenciarse de otros coros? La respuesta estuvo en la música popular.

DE ABBA A SUPERNOVA

El primer intento de incorporar canciones populares a sus presentaciones, fue Dancing Queen, de ABBA. La recepción marcó, según sus fundadores, un antes y un después. Descubrieron que las canciones conocidas no solo conectaban con el público: también generaban una relación distinta entre quienes las interpretaban.

Después llegaron Elton John y otras canciones populares. Al mismo tiempo, comenzaron a establecer un criterio para seleccionar las obras. El repertorio debía estar compuesto por artistas pertenecientes a las diversidades sexuales y de género, abordar experiencias relacionadas con ellas o incluir canciones que, sin cumplir necesariamente esas condiciones, hubiesen adquirido un significado especial dentro de la comunidad LGBTQIA+.

La diferencia con un coro tradicional, sin embargo, no está únicamente en cantar a ABBA, Madonna, Britney Spears o Queen.

Con el crecimiento de la agrupación comenzaron a encargar sus propios arreglos al músico Cristian Fernández. Actualmente, cerca del 80% de su repertorio corresponde a piezas solicitadas especialmente para Coro Queer Chile. Una de ellas es un megamix de Supernova.

Las canciones son reconocibles, pero su estructura cambia. Las voces se superponen, responden unas a otras y transforman melodías provenientes del pop en arreglos corales de creciente dificultad. “Acercamos la música coral a públicos que normalmente no la consumen, no la viven, no la experimentan”, explica Holm.

A esa apuesta musical se suma otra diferencia menos evidente para quien observa una presentación desde el público. En el mundo coral, las voces han estado históricamente vinculadas a categorías de género: sopranos y altos suelen asociarse a mujeres; tenores y bajos, a hombres. Coro Queer Chile decidió romper esa relación.

“Las cuerdas no tienen género”, explica Holm. Una soprano, un alto, un tenor o un bajo son, para ellos, clasificaciones determinadas por el rango en que una persona puede cantar cómodamente y no por su identidad.

La decisión responde a las experiencias que algunos de sus integrantes habían vivido anteriormente. Giacaman recuerda la incomodidad que le generaban ciertas dinámicas de espacios corales más tradicionales y las preguntas que surgían frente a quienes no encajaban en la división binaria de hombre-mujer .

El vestuario busca transmitir una idea similar. Cada integrante puede presentarse con una estética propia, mientras una prenda común —un kimono con transparencias— entrega unidad visual al conjunto sin esconder las diferencias individuales. “Hay como una heterogeneidad dentro de una homogeneidad”, explica Giacaman.

Foto: Mauricio Espinoza

VILLARICA: "UN ANTES Y DESPUÉS"

Si Dancing Queen había significado un cambio musical, el viaje a Villarrica en 2024 fue una prueba para saber hasta dónde había llegado ese trabajo.

Coro Queer Chile participó en el Festival Internacional y Encuentro de Coros Mario Baeza. Por primera vez se presentarían ante un público compuesto en buena medida por personas que conocían el lenguaje coral y por agrupaciones con años de trayectoria.

Llegar hasta allí también puso a prueba algo más que las voces. No hubo financiamiento externo para costear el viaje. Pasajes, estadía e inscripción fueron financiados con recursos reunidos por la propia agrupación. Para conseguirlos organizaron rifas, bingos, karaokes y presentaciones. La experiencia terminó fortaleciendo un sentido de pertenencia que iba más allá de asistir a los ensayos: había que movilizarse para sostener un proyecto común.

Incluso el viaje se complicó. Un paro en el aeropuerto les impidió tomar el vuelo previsto y obligó al grupo a viajar durante la noche en bus. Llegaron cerca de las cuatro de la madrugada y a mediodía debían estar cantando en un colegio como parte de las actividades del encuentro.

Fue allí donde estrenaron el megamix de Supernova. También cantaron, como acostumbran, todo el repertorio de memoria, otra característica que los diferencia de buena parte de las agrupaciones que utilizan partituras durante sus presentaciones.

Foto: Ainara Menares

La respuesta terminó confirmando que el camino elegido funcionaba. Al finalizar una de sus actuaciones, el público pidió otra canción, pese a que la programación del encuentro mantenía horarios estrictos para cada coro. Para sus integrantes, la reacción tuvo un valor particular: quienes estaban frente a ellos no eran necesariamente sus seguidores, sino otros coros y personas vinculadas directamente a ese mundo.

Después vendrían nuevas actuaciones. Participaron en otro importante encuentro coral, organizado por la Universidad Católica , y comenzaron a recibir invitaciones desde espacios culturales y organizaciones. El boca a boca, dicen sus fundadores, ha sido fundamental: alguien los ve cantar, los recomienda y aparece un nuevo escenario.

ACTUACIONES RECORDADAS

Una de las presentaciones más extrañas ocurrió cuando todavía eran cerca de 12 integrantes. Los contrataron para realizar un flashmob durante el horario de almuerzo en el casino de una empresa. Entre conversaciones, bandejas y ruido ambiente, Holm tuvo que levantarse repentinamente para dar la señal antes de que el grupo comenzara a cantar.

En el otro extremo está una de las actuaciones que recuerdan con mayor cariño: su presentación en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en el contexto de la exposición Alegría, alegría, dedicada a diversidad y disidencias durante la dictadura. El significado del espacio, la temática de la muestra y las condiciones acústicas hicieron que la presentación adquiriera para ellos una dimensión distinta.

Las actuaciones también han provocado encuentros inesperados. Después de la presentación en Villarrica, un hombre se acercó a Holm. Su hija era lesbiana, vivía en España y le había recomendado ir a ver al coro. Él se sentía distante de ese mundo, pero observar la presentación, recuerda el director, le permitió acercarse de otra manera a una realidad que hasta entonces le resultaba ajena.

Foto: @generodiversidades_maipu

DE AGRUPACIÓN A ORGANIZACIÓN

A medida que aumentaban las presentaciones, también crecía el coro. Además, el número de integrantes comenzó a convertirse en un problema práctico: no siempre caben cómodamente en las salas de ensayo ni en los escenarios.

En paralelo, el equipo tuvo que diseñar un plan para sostener el proyecto en el tiempo. Así, desde 2025 comenzaron un proceso de profesionalización: formalizaron la personalidad jurídica y el RUT, estructuraron una directiva y eligieron democráticamente un comité de convivencia junto a su protocolo.

Por otro lado, los ingresos generados van a una caja común y se reinvierten por completo en partituras, vestuarios y viajes, mientras que los fundadores mantienen su trabajo voluntario.

Aunque la gestión interna marcha bien, ahora les preocupa proteger el nombre Coro Queer Chile. Tras su debut, aparecieron otras agrupaciones con nombres parecidos que confunden al público por el uso de la palabra "queer". Para sus fundadores, el nombre completo ya representa una identidad propia y única. “Cuando alguien dice Coro Queer Chile, la gente piensa en nosotros”, sostiene Giacaman.

Para revertir dicha situación, la agrupación coral se encuentra realizando gestiones para registrar su marca ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi). 

Pero no se trata solamente de resguardar un nombre. Para sus fundadores, el registro forma parte de una apuesta más amplia: proyectarse en el tiempo, postular a financiamiento y, eventualmente, generar puestos de trabajo, y, algún día, contar con una sede propia.

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