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Columna de Opinión

IA y el cambio de paradigma en la educación

Víctor Parada, Ingeniero Civil Químico de la Universidad de Concepción, Magíster en Ingeniería de Producción de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro y Dr. en Ciencias de la Ingeniería y Computación de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Actualmente, es académico del Departamento de Ingeniería Informática de la Universidad de Santiago de Chile.

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  • Diario Usach

  • Miércoles 10 de junio de 2026 - 12:32

Un estudiante universitario, en una noche cualquiera, no está tomando apuntes ni viendo una clase grabada. Al inicio del curso ha hecho algo distinto: ha diseñado el agente de inteligencia artificial que lo acompañará durante todo el semestre en una asignatura específica. Como sabe que interactuará con él de manera permanente, lo primero que hace es ponerle un nombre propio.

Lo llama “Termito”, su asistente en termodinámica, una de las disciplinas más exigentes de la ingeniería. Termito no es un tutor que aprende junto a él, sino un sistema que comprende su estilo de aprendizaje y le enseña en el lenguaje adecuado: explica conceptos paso a paso, propone ejercicios, corrige errores e incluso utiliza imágenes cuando lo considera necesario. Desde ese momento, el estudiante ya no estudia solo: conversa, pregunta y avanza acompañado por una inteligencia diseñada específicamente para ayudarlo a aprender.

Termito, en rigor, tiene un ciclo de vida bastante claro. Nace al inicio del semestre, cuando el estudiante lo diseña, crece a medida que aprende a enseñar mejor, y desaparece sin ceremonia al final del curso, cuando ya no es necesario. No hay tragedia en ello: Termito no está solo. Tiene varios hermanos. Hay uno para cálculo, otro para programación, otro para física, etc. Una pequeña familia de asistentes que aparece y desaparece con cada semestre, acompañando al estudiante en distintas etapas de su formación.

Termito no es una aplicación genérica. Es un sistema personalizado de inteligencia artificial que incorpora el programa del curso, las evaluaciones de años anteriores y los criterios del profesor, y se adapta a la forma en que ese estudiante aprende. Puede explicar un concepto, proponer ejercicios, corregir errores y, sobre todo, acompañar de manera continua durante el semestre. No reemplaza el esfuerzo, pero sí transforma profundamente la forma en que este se organiza. Y lo más impresionante es que construir a Termito es tecnológicamente muy sencillo, por no decir casi trivial, lo que lo hace accesible para cualquier estudiante y en cualquier disciplina.

Lo que estamos observando no es un cambio abrupto ni una reforma institucional visible. Es algo más silencioso, pero más profundo: el proceso de aprendizaje está cambiando, semestre a semestre, curso a curso, en distintas instituciones de educación superior. Y este cambio no está impulsado por nuevas políticas educativas, sino por el uso cotidiano de modelos de lenguaje basados en la inteligencia artificial.

La diferencia fundamental es que los estudiantes ya no solo consumen conocimiento. Comienzan a construir sistemas como Termito, que les permiten aprender. Este paso, que parece técnico, tiene enormes implicancias educativas. Supone una transición de un modelo centrado en la transmisión de contenidos a otro centrado en la arquitectura del aprendizaje.

Termito no reemplaza al profesor ni simplifica la complejidad de la materia, pero sí plantea nuevos desafíos para la enseñanza. En este contexto, aprender cambia de naturaleza. Se vuelve más activo porque el estudiante debe formular preguntas y evaluar las respuestas. Es más exigente porque la ayuda está disponible, pero comprender sigue siendo su responsabilidad. Y también más accesible, porque reduce barreras como el ritmo de la clase o la dificultad de acceder a un apoyo personalizado.

El estudiante accede al material del curso, pero en lugar de limitarse a estudiarlo directamente, lo utiliza como insumo para construir un agente. Ese agente de IA no solo organiza el contenido, sino que también lo transforma en interacción. Ya no se trata de leer y repetir, sino de dialogar, conversar en voz alta, probar, equivocarse y volver a intentarlo en un entorno que responde en tiempo real.

Este cambio introduce al menos tres transformaciones relevantes. Primero, el proceso cognitivo comienza a externalizarse. Parte del razonamiento y de la generación de ejemplos deja de ocurrir exclusivamente en la mente del estudiante y pasa a apoyarse en un sistema que amplifica sus capacidades. No es una sustitución, sino una expansión.

Segundo, aparece una personalización radical del aprendizaje. Cada estudiante puede construir un agente distinto, con énfasis y estilos de explicación acordes con sus necesidades. La experiencia educativa deja de ser uniforme y comienza a diversificarse.

Tercero, el aprendizaje deja de ser episódico. Ya no ocurre únicamente en la sala de clases ni en momentos específicos de estudio. Se convierte en un proceso continuo en el que el estudiante avanza a su propio ritmo, con acompañamiento permanente. Esto se manifiesta en un diálogo permanente que puede ocurrir en cualquier instante.

La pregunta, entonces, no es solo qué hace Termito, sino cómo llega a existir. Y aquí aparece una idea clave para entender este cambio: Termito se construye a partir de un Prompt. Un Prompt, en términos simples, es un conjunto de instrucciones que el estudiante le entrega al modelo de lenguaje de IA para indicarle cómo debe comportarse, qué rol debe asumir y cómo debe responder. No es solo una pregunta, es una definición, un comando: una forma de decirle al sistema cómo pensar en el contexto de ese curso.

Ese Prompt es, en el fondo, el momento en el que el estudiante diseña su propio proceso de aprendizaje. En lugar de interactuar de forma improvisada con la inteligencia artificial, establece reglas, objetivos y contexto. Define el rol del agente, su forma de explicar, los tipos de ejercicios que debe proponer y los criterios con los que debe corregir.

Para las instituciones, el desafío es aún mayor. Incorporar estas herramientas no consiste simplemente en permitir su uso, sino en integrarlas de manera consciente en el diseño curricular, en las metodologías de enseñanza y, especialmente, en los sistemas de evaluación. Ignorar esta transformación no la detendrá. Solo generará una brecha entre lo que ocurre dentro y fuera del aula. Lo que está en juego no es una herramienta, sino una nueva forma de aprender.

Tal vez, en el futuro cercano, o quizás ya estemos entrando en él, no será extraño que un estudiante asista menos a clases, pero llegue mejor preparado a las instancias de evaluación. No porque haya aprendido menos, sino porque ha aprendido de otra manera: en diálogo permanente con Termito, diseñado por él mismo.