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Columna de Opinión

Juan Pablo Cárdenas: una vida al servicio del periodismo

Carla Rivera Aravena, docente de la Escuela de periodismo de la Universidad de Santiago de Chile y de la Universidad de Chile.

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  • Diario Usach

  • Martes 13 de octubre de 2026 - 17:23

La noche del 5 de octubre de 1988, Juan Pablo Cárdenas llegó tarde a la cárcel. Fue la primera vez. Llevaba meses cumpliendo una condena de 541 días de reclusión nocturna: de día dirigía la revista Análisis y, al anochecer, se entregaba en el penal. Pero esa noche el No había ganado el plebiscito y él no quiso perderse la celebración en el centro de Santiago. Inventó una excusa y llegó una hora después del límite permitido.

En la puerta lo esperaban unos diez gendarmes en fila, que se cuadraron a su paso y terminaron abrazándolo. Adentro, los presos lo recibieron con un largo aplauso. Celebraron hasta el amanecer con sopaipillas y mate amargo, que esa vez, escribió años después, le supo dulce.

Juan Pablo Cárdenas Squella murió en la madrugada de este domingo 11 de octubre, a causa de un cáncer. Tenía 76 años. Su muerte cierra una de las biografías más elocuentes del periodismo chileno del último medio siglo y obliga a mirar de nuevo a la generación que representó. 

Una revista nacida de un número censurado

Análisis nació en 1977 de un tropiezo. El primer número, titulado Academia, fue censurado por el propio directorio de la Academia de Humanismo Cristiano, que lo encontró demasiado crítico.

Cárdenas no se resignó, pidió audiencia al cardenal Raúl Silva Henríquez, y de esa conversación salió una fórmula que permitió sobrevivir al proyecto. La revista cambió de nombre, ganó autonomía editorial y conservó el patrocinio de la Iglesia como paraguas frente al régimen. En diciembre de ese año circuló como Análisis, aunque mantuvo la numeración Año 1, N.º 2, como gesto de continuidad.

La financiaron suscripciones solidarias, muchas de antiguos lectores de Debate Universitario, el proyecto que Cárdenas había dirigido en la Universidad Católica. Con los años pasó de mensual de opinión a semanario de reportajes e investigación, y se convirtió en uno de los referentes de la prensa opositora, junto a APSI, Hoy y Cauce.

Desde sus páginas se documentaron violaciones a los derechos humanos que la prensa adicta al régimen callaba. Cárdenas sostenía que, décadas después, los jueces todavía consultaban esas ediciones para formarse convicción en los procesos
contra agentes del Estado.

El costo fue alto y personal. Cárdenas fue detenido en reiteradas ocasiones, procesado por la justicia ordinaria y la militar, y su casa fue quemada dos veces. En 1983, su encarcelamiento llevó a la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) a pedir la intervención de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Luego vino la condena de reclusión nocturna, dictada por el ministro Leonel Beraud, revocada por la Corte de Apelaciones y repuesta por la Corte Suprema.

La solidaridad también fue parte de esa historia. Durante meses, grupos de ingenieros, médicos, psicólogos y profesores se organizaron para esperarlo de madrugada a la salida del penal y escoltarlo hasta la redacción. En una de esas entradas a la cárcel fue secuestrado por civiles ante las cámaras de un equipo de la BBC. Que la escena quedara grabada y que Radio Cooperativa la informara de inmediato, probablemente le salvó la vida.

La trayectoria de Cárdenas no se entiende en solitario. En 1988, el Colegio de Periodistas registró una larga lista de profesionales enjuiciados por el régimen. Junto a su nombre figuraban, de Análisis, Patricia Collyer, Mónica González y Fernando Paulsen; de Hoy, Alejandro Guillier, Abraham Santibáñez y Patricia Verdugo; de APSI, Marcelo Contreras y Sergio Marras; y casi todo el equipo de Cauce. Muchos se habían formado en las universidades de los años sesenta, donde el periodismo se entendía como servicio público y compromiso con el cambio social.

A dos de sus mártires, Diana Aarón y José Carrasco, Cárdenas dedicó el Premio Nacional de Periodismo que recibió en 2005. Al aceptarlo, extendió el reconocimiento a todos los colegas que habían enfrentado el bloqueo informativo de la dictadura.

La paradoja que más lo inquietó fue la del regreso a la democracia. Las revistas que resistieron la represión no sobrevivieron a la transición: Análisis se extinguió a comienzos de los noventa. Cárdenas fue un crítico persistente de los gobiernos posteriores, a los que reprochó no haber protegido la diversidad informativa. Sostenía que la libertad de expresión es un derecho humano y no un privilegio de los periodistas. 

Cárdenas siguió fundando medios —Los Tiempos, el diario electrónico Primera Línea—, dirigió Radio Universidad de Chile y formó a cientos de periodistas en las aulas del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile.

En 2007, al cumplirse treinta años de Análisis, reunió a casi todo el antiguo equipo para una edición especial que se agotó en pocos días sin publicidad. Le gustaba repetir una lección heredada de sus maestros: que las páginas más bellas del periodismo “se escriben en la adversidad”.

Para las escuelas de periodismo, su legado no es solo una memoria heroica. Es también una pregunta abierta sobre qué significa hoy ejercer el oficio con independencia frente al poder.