¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando pasamos horas frente a un visualizador? ¿Percibimos realmente el mundo tal como es? ¿Puede un robot comprendernos? Estas fueron algunas de las interrogantes que destacados investigadores e investigadoras abordaron ante las miles de personas que asistieron a la nueva edición del NeuroFest y que este año se realizó en la Universidad de Santiago de Chile.
Enmarcada en el Año del Cerebro 2026, la jornada del sábado contempló más de veinte charlas en las que especialistas acercaron investigaciones y conceptos científicos al público, abordando temas relacionados con el cerebro, el comportamiento y nuestra relación con la tecnología y otras especies. El encuentro también incluyó actividades interactivas y expresiones artísticas que permitieron aproximarse a las neurociencias desde distintas perspectivas.
A continuación, revisamos algunas de las charlas que marcaron la jornada.
PLANARIAS: EL ANIMAL QUE PUEDE REGENERAR SU CABEZA
¿Qué ocurriría si un animal perdiera la cabeza? En el caso de las planarias, aseguró la Dra. Constanza Vásquez, académica de la Universidad Bernardo O'Higgins, pueden reconstruirla. “Pueden regenerar prácticamente todos sus tejidos, incluido su sistema nervioso”, explicó la investigadora. La clave está en unas células llamadas neoblastos.
Pero ¿qué tiene que ver un pequeño gusano con nuestro cerebro? Aunque las planarias son organismos mucho más simples, su extraordinaria capacidad de regeneración permite estudiar procesos que también están presentes en los seres humanos. “Nosotros compartimos muchos de estos mecanismos celulares, pero nuestra capacidad de regenerar el sistema nervioso es mucho más limitada”, señaló Vásquez.

Por este motivo, estudiarlas no significa que exista una fórmula para reconstruir el cerebro humano, sino una oportunidad para comprender mejor cómo funciona la reparación de los tejidos. Como sintetizó la académica, el desafío es estudiar estos organismos para entender “¿por qué nosotros no podemos regenerar también?”.
¿NOS ENTIENDEN LOS ROBOTS?
¿Puede un robot realmente entendernos? Esa fue la pregunta que planteó la Dra. Lorena Delgado, de la Universidad de Santiago de Chile, al abordar cómo nos relacionamos con máquinas que nos miran, hablan y parecen responder a nuestras emociones. Aunque sabemos que se trata de tecnología, explicó, nuestro cerebro tiende a atribuir características humanas a sus comportamientos.
Esta interrogante ha guiado parte del trabajo del Laboratorio de Emprendimiento e Innovación Usach (LEIND) que comenzó con Atom, un robot humanoide creado para enseñar impresión 3D y que luego incorporó movimiento, inteligencia artificial y reconocimiento facial. Esa experiencia derivó en Lian, un pequeño robot desarrollado junto a ingenieros, psicólogos y terapeutas para apoyar la interacción con niños y niñas neurodivergentes. A través de sensores, cámaras y otras tecnologías, Lian captura información, la procesa y genera respuestas que pueden parecer empáticas.
No obstante, Delgado aclaró que detrás de esa reacción no existe una emoción. “Todo parte a partir de la programación. Es decir, somos nosotros quienes, a través de la investigación, procesamos esos datos y respondemos con el objetivo de que esa respuesta sirva de apoyo para una situación particular”, aseguró. Frente al temor de que estas tecnologías terminen reemplazando a las personas, la investigadora recalcó que “nunca hemos concebido (en el LEIND) el desarrollo de un robot sin la presencia de un humano al lado” y que la tecnología ha sido pensada como “un complemento de la labor humana”, concluyó.

EL MUNDO NO ES LO QUE CREEMOS
¿Podemos confiar completamente en lo que vemos? Esa fue la pregunta que planteó el Dr. Pedro Maldonado, académico de la Universidad de Chile. Durante su charla explicó que, aunque una mesa parezca tener un color determinado o dos objetos se vean de distinto tamaño, nuestra percepción no necesariamente reproduce fielmente sus características físicas. “Tenemos la sensación de que aquello que veo, que toco, que escucho, es efectivamente el mundo físico en el cual nos desenvolvemos. Lo que les quiero mostrar es que, en realidad, no es tan así”, señaló.
La razón, explicó Maldonado, es que nuestros sentidos solo capturan una parte de la información disponible y el cerebro debe interpretarla a partir de la experiencia y el aprendizaje. De esta manera, aquello que entendemos como realidad corresponde, en gran medida, a una representación construida por nuestra mente. Ese proceso no se limita a las características físicas de los objetos, sino que también interviene en dimensiones sociales y culturales. “Todo aquello que experimentamos como la realidad, termina siendo un complejo modelo dentro de nuestro cerebro”, precisó
EFECTOS DE LAS PANTALLAS EN NNA
La relación entre niños, niñas, adolescentes (NNA) y las pantallas de los dispositivos móviles se ha convertido en una preocupación creciente para la ciencia y las familias. Durante su charla en NeuroFest, el neurocientífico Tomás Ossandón advirtió que los adolescentes chilenos dedican en promedio cuarenta y ocho horas semanales a Instagram, Tik Tok, etcétera. “Pasan prácticamente la mitad del tiempo despiertos a la semana en redes sociales”, alertó.

En su alocusión, el académico de la Universidad Católica presentó investigaciones que relacionan un mayor tiempo frente a dispositivos móviles con dificultades en la atención, el control de respuestas automáticas, el sueño, entre otros problemas. “Mientras más los niños están expuestos a monitores, van perdiendo esta capacidad cerebral de inhibir un comportamiento automático”, explicó.
Más que demonizar la tecnología, el científico llamó a utilizarla de manera consciente y de acuerdo a cada etapa del desarrollo, estableciendo límites de tiempo y restringiendo el acceso a redes sociales durante la infancia y adolescencia. “La pantalla puede ser usada de forma beneficiosa, pero con mucho cuidado”, aconsejó. También destacó la importancia de mantener espacios de juego, interacción familiar y momentos sin estímulos digitales. “El aburrimiento es clave para la creatividad. Los momentos más lúcidos de cada uno de ustedes ocurren en el periodo de aburrimiento”, concluyó
TU PERRO SABE MÁS DE LO QUE CREES

¿Qué observa un perro cuando nos mira y cómo logra reconocer lo que sentimos? La Dra. Francisca Bertin, de la Universidad de Las Américas, explicó que la estrecha convivencia entre ambas especies ha convertido a los perros en animales especialmente sensibles a nuestras señales sociales. “Cuando los perros escuchan la voz del tutor diciéndole un elogio, también se activan zonas asociadas al procesamiento de la recompensa”, señaló.
Por su parte, el olfato aporta otra fuente de información, sostuvo la investigadora. Los canes pueden reconocer hedores familiares y detectar cambios vinculados al estrés humano, destacando estudios en que los perros expuestos al olor de una persona estresada, tendían a mostrarse más cautelosos frente a situaciones de este tipo. “Nuestros olores, que es un mundo desconocido para nosotros, también influyen en estas mascotas”, aseguró.
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