La maternidad dejó de ser entendida como un paso inevitable dentro del proyecto de vida y se transformó en una decisión que las mujeres evalúan considerando sus consecuencias personales, laborales y económicas. Así lo plantea la académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Mayor, Dominique Karahanian, al analizar los resultados de la “Radiografía de los solteros en Chile 2026”, elaborada por ACNexo.
El estudio revela una marcada diferencia entre hombres y mujeres respecto del deseo de tener hijos. Mientras un 55,3% de los hombres consultados señala que le gustaría tenerlos, entre las mujeres la cifra alcanza solo un 38,5%, una brecha de 16,8 puntos porcentuales.
La investigación consideró a 408 personas de entre 18 y 49 años, con una muestra ponderada de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). En este caso, el concepto de “solteros” no alude necesariamente a personas que no tienen pareja, sino a quienes no estaban casados ni tenían un Acuerdo de Unión Civil (AUC) vigente al momento de responder la encuesta.
De hecho, un 26,8% de la muestra ponderada declaró tener una pareja estable. La categoría también incluye a personas separadas, divorciadas y viudas.
En términos generales, el 47% de los solteros chilenos manifiesta que le gustaría tener hijos o tener más. El porcentaje aumenta al 57,4% cuando se considera exclusivamente a quienes todavía no son padres o madres.
Sin embargo, detrás de ese deseo aparecen importantes obstáculos. El principal es el costo de criar hijos, mencionado por un 37% de los encuestados, seguido por la preocupación por el futuro económico, con un 26,1%.
También aparecen como factores la situación del país o del mundo (20,2%), la edad o etapa de vida (20%) y la valoración de la libertad y autonomía personal (15,9%).

UNA DECISIÓN QUE DEJÓ DE SER “NATURAL”
Para Dominique Karahanian, la diferencia entre hombres y mujeres no necesariamente significa que ellas tengan un menor deseo de formar una familia, sino que enfrentan de manera distinta las consecuencias concretas de la maternidad.
“Lo leería menos como que las mujeres quieren menos hijos y más que las mujeres saben mejor que cuesta tenerlos”, explica.
Según la académica, la maternidad “dejó de ser el destino lógico, obvio y único” y pasó a convertirse en una decisión que se toma con mayor información sobre lo que implica para el cuerpo, el tiempo y la trayectoria profesional.
“Creo que los hombres pueden desear tener hijos con más tranquilidad, porque históricamente ese deseo no les ha exigido tener que reorganizar tanto su vida”, sostiene.
A ello se suma, plantea, el aumento de los niveles de educación y autonomía económica de las mujeres, además de la consolidación de proyectos personales que ya no están necesariamente subordinados a la formación de una familia.
“Hay mucha más conversación pública sobre el arrepentimiento materno, la depresión postparto, el agotamiento, ya no son temas tabúes y eso informa más la decisión”, agrega.
La especialista también apunta a una tensión entre las expectativas sociales que todavía recaen sobre las mujeres y los nuevos roles que han asumido. El ideal de ser una madre dedicada, una profesional exitosa y, al mismo tiempo, una pareja presente puede convertirse en una exigencia difícil de sostener.
La diferencia entre hombres y mujeres también puede estar relacionada con la distribución de las tareas asociadas a la crianza. Para Karahanian, este aspecto es probablemente uno de los elementos más relevantes para comprender la brecha que muestra el estudio.
“Creo que hay una carga que no es simétrica”, afirma, mencionando desde el embarazo y el parto hasta el postparto y la lactancia, experiencias que recaen directamente sobre el cuerpo de las mujeres.
Pero la desigualdad no termina allí. La académica destaca también la denominada “carga mental” de la crianza: recordar las fechas médicas, las reuniones escolares, las actividades de los hijos, preparar sus cosas o coordinar la vida cotidiana.
“Una mujer puede pagar con sus ascensos, sus sueldos y la trayectoria, que para muchos hombres la paternidad no implica ese costo”, señala.
Por ello, plantea que cuando una mujer dice que no sabe si quiere tener hijos, esa decisión puede responder menos a un rechazo a la maternidad que a una evaluación concreta de los costos que podría asumir.
“Muchas veces está haciendo un cálculo súper realista de lo que les va a costar a ella y no es solo un juicio sobre la maternidad”, sostiene.
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