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Salud menstrual: 6 de cada 10 mujeres limitan su vida diaria por dolor, falta de acceso y discriminación

Asimismo, un 11% se ha sentido discriminada, rechazada o acosada; 10% se ha ocultado por estar menstruando; y 7% ha sentido vergüenza. Para la docente de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Usach, Camila Herrera Sepúlveda "falta integrar la salud menstrual como un eje formativo y asistencial en todos los niveles del sistema de salud".

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  • Diario Usach

  • Jueves 8 de enero de 2026 - 12:41

El Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género presentó los resultados de la Encuesta de Salud Menstrual, un estudio que tiene como objetivo visibilizar las condiciones en que niñas, adolescentes y mujeres viven su menstruación en Chile.

La investigación fue desarrollada entre el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG) y Academia La Tribu, con el apoyo de  Softys, y entrega cifras que evidencian cómo la menstruación sigue limitando actividades cotidianas en el ámbito educativo, social y laboral.

Según el estudio, un 66% de las mujeres presenta dolor abdominal, pélvico o uterino antes o durante el período menstrual, una condición que tiene efectos directos en la vida cotidiana, considerando que un 63% ha dejado de participar en actividades sociales debido a la menstruación o a sus síntomas. Asimismo, un 11% se ha sentido discriminada, rechazada o acosada; 10% se ha ocultado por estar menstruando; y 7% ha sentido vergüenza.

En el ámbito educativo, las cifras evidencian la falta de condiciones adecuadas para una gestión menstrual segura y digna. Solo 4 de cada 10 mujeres considera que el colegio fue un espacio seguro mientras menstruaba, y apenas un 54% evalúa los baños escolares como adecuados para cambiar productos menstruales, situación que impacta directamente en la asistencia y permanencia escolar.

Además, un 39% dejó de asistir al colegio por algunos días, un 68% no pudo realizar actividades deportivas o recreativas y un 48% no pudo salir como lo hacía habitualmente durante su período menstrual.

En materia de salud, el acceso a atención especializada en salud menstrual continúa siendo limitado. Solo 4 de cada 10 mujeres declara contar siempre o casi siempre con profesionales o servicios especializados, mientras que un 16% señala que nunca ha accedido a este tipo de atención, dificultando el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado de patologías asociadas al ciclo menstrual.

El estudio también da cuenta de un alto impacto en la salud mental asociado al ciclo menstrual. El 70% de las mujeres presenta síntomas como baja energía, ansiedad, angustia, irritabilidad o cansancio durante la fase premenstrual, lo que afecta su desempeño cotidiano en el estudio, el trabajo y la vida social.

“Estos datos refuerzan la importancia de derribar la idea de que el dolor extremo es normal, y de avanzar en detección temprana y acceso a información y atención oportuna, para que la menstruación no limite las trayectorias educativas ni la calidad de vida de las personas”, sostuvo la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Antonia Orellana.

DESAFÍO DE EQUIDAD Y SALUD PÚBLICA

 

Para la docente de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Santiago de Chile (Usach) y magíster en Nutrición, Medicina y Salud de la Mujer, Camila Herrera Sepúlveda, los resultados de la encuesta evidencian una realidad que va mucho más allá de la experiencia individual. “La menstruación es un proceso fisiológico que tiene implicancias en múltiples determinantes sociales de la salud”, explica, subrayando que factores educativos, culturales y económicos condicionan profundamente cómo niñas, adolescentes y mujeres viven su ciclo menstrual en Chile y en la región.

Desde esta mirada, Herrera enfatiza que abordar la menstruación como un tema de salud pública permite visibilizar desigualdades históricas, prevenir trastornos del ciclo y promover diagnósticos oportunos. “Reconocerla como un tema colectivo también permite avanzar en derechos sanitarios, especialmente en contextos donde el estigma y la desinformación siguen siendo barreras significativas”, sostiene.

Uno de los datos más alarmantes de la encuesta es que un 63% de las encuestadas ha dejado de participar en actividades sociales durante la menstruación. Según la especialista, esta cifra no responde a decisiones individuales, sino a “barreras estructurales” que siguen presentes.

“Muchas personas dejan de participar porque experimentan dolor menstrual que se ha normalizado y no se trata adecuadamente. A eso se suma el estigma del miedo a mancharse, la vergüenza y la idea de que la menstruación debe ocultarse. También influye la falta de infraestructura adecuada ( baños, agua, privacidad) y la dificultad para acceder a insumos en contextos de pobreza menstrual. En conjunto, estos factores generan inseguridad y limitan la participación plena”, comentó la especialista.

La encuesta también revela una importante brecha en el acceso a atención especializada: solo 4 de cada 10 mujeres cuenta con profesionales o servicios para abordar su salud menstrual. Para la académica, esta cifra refleja falencias estructurales del sistema de salud chileno. “La atención primaria tiene una alta carga asistencial y muchas veces no dispone de profesionales capacitados en salud hormonal o dolor pélvico”, explica. A ello se suma la desigual distribución territorial de especialistas, que afecta con mayor fuerza a zonas rurales y regiones extremas.

Asimismo, Herrera apunta a una deuda histórica en políticas públicas, donde la salud menstrual ha quedado relegada a consultas puntuales o reducida al ámbito de la anticoncepción. “Falta integrar la salud menstrual como un eje formativo y asistencial en todos los niveles del sistema”, enfatiza.

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