Dormir mal de manera ocasional es parte de la vida cotidiana. Una preocupación, un período de mayor carga laboral o un cambio de horario pueden alterar el descanso durante algunos días. El problema aparece cuando las dificultades para conciliar o mantener el sueño se vuelven persistentes y comienzan a afectar el funcionamiento durante el día.
En Chile, este escenario convive con una creciente demanda por estudios especializados del sueño. Entre ellos se encuentra la polisomnografía, uno de los exámenes más completos para determinar qué ocurre mientras una persona duerme. Sin embargo, la capacidad de los centros especializados no siempre logra responder al aumento de solicitudes, generando listas de espera que pueden extenderse por tres meses o más, tanto en el sistema público como en el privado.
La polisomnografía registra simultáneamente distintas funciones del organismo durante el sueño. A través de sensores y electrodos permite analizar la actividad cerebral y las diferentes etapas del descanso, además del flujo y esfuerzo respiratorio, la saturación de oxígeno, la frecuencia cardíaca y los movimientos musculares. En determinados casos también incorpora registro en video para observar conductas o movimientos que ocurren durante la noche.
La creciente preocupación por la calidad del descanso está relacionada, entre otros factores, con una mayor identificación de trastornos como la apnea obstructiva del sueño. Pero no todos los problemas para dormir corresponden necesariamente a una enfermedad del sueño.
“A nivel mundial muchas personas tienen dificultades para quedarse dormidas, despertares frecuentes o un sueño poco reparador”, explica Mérida Terán, académica de la Universidad de Santiago y coordinadora del Programa de Especialidad de Neurología de la Facultad de Ciencias Médicas.
Para la especialista, uno de los elementos que permite entender este fenómeno es el contexto de estrés y exigencia en que se desenvuelven las personas actualmente. A esto se suman la ansiedad y las preocupaciones, que pueden dificultar tanto la conciliación como la continuidad del sueño.
Uno de los principales factores identificados por la especialista es la transformación de los hábitos cotidianos. La jornada ya no necesariamente termina cuando las personas salen del trabajo o llegan a sus hogares.
“Creo que uno de los grandes problemas es que hemos ido extendiendo artificialmente nuestro día. Estamos permanentemente conectados mediante el celular, computador, redes sociales, trabajo, mensajes. Muchas personas llegan a la cama, pero mentalmente siguen trabajando”, sostiene la doctora.
“Y si sumamos el sedentarismo, el estrés, comer muy tarde o en exceso, el consumo de cafeína durante la tarde y el uso de alcohol todo empeora”, comentó.
¿CUÁNDO ES NECESARIO CONSULTAR?
No toda noche de mal sueño requiere una evaluación médica. Mérida Terán explica que existen situaciones puntuales, como preocupaciones familiares, períodos de alta carga laboral o cambios de horario, que pueden provocar dificultades transitorias.
La señal de alerta aparece cuando el problema se mantiene en el tiempo y comienza a repercutir durante el día. Cansancio, somnolencia, irritabilidad, problemas de concentración o una disminución del rendimiento pueden ser indicadores de que la alteración del sueño requiere atención.
“Muchas personas piensan que cuando dormimos el cerebro simplemente se apaga, pero en realidad ocurre todo lo contrario. El sueño es un período de intensa actividad cerebral, en el que se producen procesos fundamentales para nuestra salud: se consolida la memoria y el aprendizaje, se regulan las emociones, se reorganizan distintas funciones cerebrales y se favorecen procesos de recuperación del organismo”, comentó.
El aumento de las solicitudes de polisomnografías plantea además un desafío para el diagnóstico oportuno. Cuando existe una alta sospecha de apnea u otro trastorno que requiere el examen, una espera prolongada puede significar que el paciente continúe durante meses con somnolencia diurna, dificultades de concentración y una menor calidad de vida.
“Es importante que las listas de espera se gestionen con prioridad clínica y que, cuando se pueda, se utilicen alternativas diagnósticas como los estudios de sueño domiciliarios. La polisomnografía sigue siendo fundamental en determinadas situaciones, pero no todos los pacientes necesitan necesariamente el mismo estudio”, sentenció.
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