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Humo de incendios en Patagonia llegó a la Antártica y amenaza con pérdida de hielo

Hasta ahora se contabilizan más de 15 mil hectáreas afectadas por el fuego que se propagó a comienzos de la semana pasada. Además, la humareda ya llegó al extremo norte de la península del territorio chileno antártico. El académico de la Usach, Raúl Cordero, indicó que un fenómeno de estas características no es habitual.

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  • Diario Usach

  • Miércoles 14 de enero de 2026 - 15:44

La Agencia Federal de Emergencias de Argentina (AFE) informó la mantención de un amplio despliegue operativo frente a múltiples incendios forestales que se encuentran activos en la Patagonia transandina, principalmente en la provincia de Chubut.

Según consignó La Tercera, hasta ahora se contabilizan más de 15 mil hectáreas afectadas por el fuego que se propagó a comienzos de la semana pasada. Además, el humo ya llegó al extremo norte de la península del territorio chileno antártico.

De acuerdo a Raúl Cordero, climatólogo y académico de la U. de Santiago, no es habitual que el humo alcance la Antártica. Para que ello ocurra deben coincidir al menos dos condiciones poco comunes: incendios de gran intensidad -capaces de elevar el humo a varios kilómetros de altura- y una configuración atmosférica que dirija los vientos hacia el sureste. “Es un fenómeno episódico y relativamente raro”, señala.

La detección se realizó desde la estación de monitoreo ubicada en la isla Rey Jorge, en el extremo norte de la península antártica, donde los instrumentos registraron una masa de aire con presencia de material particulado asociada a humo.

La señal no solo apareció en los sensores, sino que el fenómeno fue visible a simple vista a través de un atardecer inusualmente rojizo en uno de los ambientes más limpios del planeta. “En la Antártica los atardeceres normalmente no son rojos. Cuando lo son, es porque llegaron partículas desde otro continente, como polvo o humo”, explica Cordero.

El humo transporta carbono negro, hollín, un material particulado microscópico que, al depositarse sobre la nieve o el hielo, reduce su reflectividad. Este oscurecimiento hace que la superficie absorba más radiación solar, acelerando el derretimiento.

Pese a que las concentraciones que llegan a la Antártica suelen ser bajas, los modelos climáticos permiten estimar su impacto acumulado. En un evento como este, señala Cordero, el efecto podría traducirse en la pérdida de varios millones de toneladas de hielo.

El científico subraya que estos episodios no son la principal causa del retroceso en la zona. “La Antártica pierde cientos de miles de millones de toneladas de hielo cada año, y la razón dominante es el calentamiento global”, afirma. Las intrusiones de humo, polvo o aire cálido representan un factor adicional, cuya contribución exacta aún no está completamente cuantificada.

Por su parte, Boris Barja, jefe del Laboratorio de Investigación Atmosférica de la U. de Magallanes, plantea que la presencia de aerosoles en la atmósfera “puede modificar el balance radiativo y favorecer el derretimiento, pero hay que demostrar cuánto de ese material efectivamente se deposita sobre el hielo”.

Barja explica que la Antártica suele estar protegida por una corriente circumpolar que actúa como barrera natural. Sin embargo, durante el verano esa circulación se debilita, permitiendo la entrada de masas de aire desde otras latitudes. En ese contexto, las configuraciones específicas de altas y bajas presiones pueden generar ríos atmosféricos, que no solo trasladan vapor de agua, sino aerosoles como humo o polvo.

"La Antártica pierde más hielo del que recupera cada año", asegura el climatólogo, Raúl Cordero.

La intrusión de humo se concentró en una jornada específica y se disipó tras cambios en la circulación atmosférica y lluvias que redujeron la intensidad del incendio. Esa naturaleza episódica refuerza la necesidad de monitoreo continuo.

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