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Mujeres en el estadio: La disputa feminista por un espacio históricamente masculinizado

En el marco del 8M, integrantes de colectivos ligados a distintos clubes relataron a Diario Usach cómo se han organizado para enfrentar el machismo, denunciar la violencia y abrir espacio a una mirada feminista dentro de las tribunas.

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  • Fabián Escobar

  • Viernes 6 de marzo de 2026 - 10:58

En un ambiente históricamente marcado por códigos masculinos y lógicas de barra brava, cada vez más mujeres hinchas se organizan para disputar el sentido del fútbol como espacio social y político. Desde las galerías hasta las marchas del 8 de marzo, colectivos feministas ligados a distintos clubes buscan visibilizar la presencia de las mujeres en el deporte y exigir igualdad de derechos dentro y fuera de la cancha.

Algunas de ellas prefieren hablar bajo seudónimo. No es una decisión casual: muchas han recibido amenazas o episodios de hostigamiento por cuestionar prácticas machistas dentro de las barras y por organizarse políticamente desde el feminismo. Aun así, continúan levantando redes de apoyo entre mujeres de distintas hinchadas y denunciando la violencia que, aseguran, sigue presente en la cultura futbolera.

“Gloria”, vocera de la organización Nuestra Cruzada, recuerda que el colectivo de hinchas de Universidad Católica nació en 2018 a partir de una experiencia compartida por muchas mujeres que asistían al estadio. 

“Nos juntamos fuera del estadio en un partido y empezamos a conversar. Nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común: algunas iban solas, a varias les daba miedo ir, otras habían vivido acoso en el trayecto o en la galería”, relata a Diario Usach.

A partir de esas conversaciones surgió la idea de organizarse solo entre mujeres, con una estructura horizontal y una mirada política que conectara el fútbol con las luchas feministas. El punto de inflexión llegó ese mismo año, cuando una joven fue violada por hinchas tras un partido cerca del Estadio Nacional.

“Ese hecho fue terrible y marcó un antes y un después para nosotras. Ahí decidimos salir públicamente como organización, con redes sociales y declaraciones”, recuerda.

Desde entonces, el colectivo ha impulsado campañas de acompañamiento y apoyo entre hinchas. Según cuenta Gloria, muchas mujeres escriben a la organización cuando quieren ir al estadio, porque no se sienten seguras.

“A veces nos contactan chicas que van solas o que quieren viajar desde regiones para ver un partido. Nosotras nos acompañamos incluso sin conocernos, porque entendemos que el estadio puede limitar nuestra participación en algo que nos gusta tanto”, dice.

Sin embargo, levantar esta organización no estuvo exento de riesgos. Gloria recuerda que durante los primeros años recibieron amenazas directas de integrantes de barras. “Nos decían por redes sociales que nos iban a pegar, que nos iban a sacar de la galería, que ese lugar no era nuestro”, afirma. “Pero con el tiempo hemos logrado cierto respeto hacia la organización”, relata.

Uno de los sellos de "Nuestra Cruzada" ha sido tender puentes entre mujeres de distintas hinchadas, algo poco común en el fútbol chileno, donde las rivalidades suelen ser irreconciliables y a veces mortales.

“Nosotras nos entendemos como rivales dentro de la cancha, pero nunca como enemigas”, dice Gloria. “Tenemos problemáticas comunes como mujeres y una lucha mucho más profunda”, manifiesta.

VALIENTES, FUERTES Y GRANDES

La experiencia de organización no es exclusiva de un club. En Colo-Colo, por ejemplo, la Comisión de Género “Rosario Moraga” del Club Social y Deportivo, fundada en abril de 2018, reúne a hinchas que buscan instalar una mirada feminista dentro de la institución.

“Consuelo”, integrante de esa comisión, explica que la presencia de mujeres en el fútbol no es algo nuevo, aunque muchas veces haya sido invisibilizada.

“El deporte ha sido históricamente un espacio masculinizado, pero las mujeres siempre hemos estado: en las galerías, en los barrios, en las familias que sostienen la vida de los clubes”, señala.

En el caso del club albo, la organización reivindica la figura de Rosario Moraga, reconocida como la primera socia del club. “Eso demuestra que las mujeres no llegamos recién al deporte. Siempre hemos sido parte de su historia, aunque muchas veces se nos haya borrado”, afirma.

Al igual que otras agrupaciones, la comisión también ha debido enfrentar situaciones de discriminación de personas que sienten la misma pasión que ellas por el club.

“Las mujeres en el deporte hemos vivido distintas formas de violencia: desde el cuestionamiento constante a nuestra legitimidad como hinchas hasta prácticas machistas normalizadas en los estadios”, explica Consuelo.

Para enfrentar esas situaciones, la organización apuesta por el trabajo colectivo: redes de apoyo, espacios de cuidado y denuncia pública. “Para nosotras no se trata solo de resistir, sino de transformar la cultura del fútbol”, sostiene.

La lucha feminista dentro del deporte también se conecta con demandas estructurales, especialmente en relación con el fútbol femenino. Tanto “Gloria” como “Consuelo” coinciden en que todavía existen brechas profundas en financiamiento, visibilidad y participación en los espacios de decisión.

“El deporte femenino sigue enfrentando precariedad, menor financiamiento y poca participación de mujeres en cargos de decisión”, plantea Consuelo. “Eso refleja las desigualdades de la sociedad dentro del deporte”, acota.

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