Un estudio conjunto de tres universidades chilenas revela un cambio profundo en los jóvenes que ingresaron a la educación superior durante y después de la pandemia, marcado por un individualismo defensivo y la percepción de que “el futuro se percibe como inestable”.
Esos fueron los principales hallazgos de una investigación conjunta de la Universidad de Concepción (UdeC), la Universidad de Playa Ancha (UPLA) y la Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), que analizó a jóvenes chilenos que ingresaron a la educación superior en plena pandemia y pospandemia.
Se trata del estudio “Nuevas subjetividades e imaginarios sociales juveniles en estudiantes de educación superior. La generación 2020 en tres regiones de Chile”, que consideró a estudiantes de Santiago, Valparaíso y Concepción.
La investigación describe a una generación que adopta una lógica de “sálvese quien pueda” ante un contexto social y laboral que ven frágil y competitivo.
El sondeo revela que existe la búsqueda de bienestar personal por sobre proyectos colectivos y una mirada pragmática —e incluso pesimista— del futuro. “Los estudiantes describen el porvenir como un espacio inestable, donde planificar se vuelve difícil y las expectativas se moderan”, explica la antropóloga Andrea Aravena, líder del estudio y académica UdeC a radio BíoBío.
El estudio señala que la incertidumbre se traduce, entre otros aspectos, en la postergación o rechazo de la maternidad entre las jóvenes, quienes cuestionan la desigual distribución de las tareas de cuidado y las dificultades para compatibilizar familia y desarrollo profesional.
Además, en el sondeo las personas que no desean tener hijos lo explican a experiencias familiares de sobrecarga femenina, discriminación laboral y pensiones insuficientes.
Del mismo modo, se logró constatar una preocupación por la pérdida de la identidad cultural indígena: jóvenes de distintas regiones expresan inquietud por la desaparición del mapudungun y las tradiciones mapuche, vinculando globalización, migración y educación escolar como factores de erosión cultural.
A pesar del incierto contexto en que les ha tocado ser jóvenes, la generación 2020 manifiesta una esperanza cautelosa en la acción juvenil: pese al diagnóstico crítico, aparece una expectativa de cambio ligada a la conciencia ambiental, la equidad de género y la acción colectiva, aunque reconocida como lenta y llena de obstáculos.
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