El chileno-estadounidense Kyle Adler valoró profundamente el reencuentro con su madre biológica tras enterarse de que fue uno de los bebés robados durante la dictadura de Augusto Pinochet.
"Ha sido muy revelador ver quién es mi gente (...) siento el amor, siento la compasión, el cuidado (...) es agradable tener una familia de nuevo", manifestó respecto al cierre de este complejo proceso personal.
Residente en Denver, donde administra gimnasios, Adler enfrentó una larga crisis de identidad tras descubrir su procedencia. Este hallazgo fue posible gracias a los testeos de ADN promovidos por diversas organizaciones que investigan casos de adopciones sospechosas.
El joven fue adoptado en 1990 cuando tenía nueve meses por una familia de Chicago, creciendo en un suburbio acomodado.
En declaraciones a la agencia Associated Press, el chileno-estadounidense recalcó su convicción de que sus padres adoptivos, Mike y Connie Adler, fallecidos en 2022, desconocían el origen ilegal del proceso, aunque en su momento se opusieron a que buscara sus raíces.
"Mis padres no me robaron, no me pusieron a Kyle por maldad. Me vieron como lo que querían que fuera, y pusieron mucho amor en ello", afirmó. Pese a esto, el impacto de la revelación lo empujó a tomar una decisión definitiva: "De repente ahora me encontraba donde no sabía qué hacer. Sabía que era adoptado; y en ese momento me dije: 'tengo que encontrar a mi madre'".
LA MADRE BIOLÓGICA
Ana María Navarrete tenía 19 años cuando dio a luz a Marcos Antonio. Como era madre soltera y trabajaba de noche en una pescadería de Coronel, en la Región del Biobío, dejaba al niño bajo el cuidado de una mujer a la que le pagaba por ese servicio.
De acuerdo con el relato de AP, un día la cuidadora le informó que el bebé había sido entregado a un matrimonio estadounidense, argumentando que se trató de una "gestión" de un sacerdote de la zona para reubicar a un "bebé necesitado de una familia".
A inicios de 2017, tras buscar en internet "búsqueda de madre biológica chilena", Adler encontró en Facebook a la ONG Nos Buscamos, agrupación que en tres meses logró confirmar su historia de origen.
Años después, y tras un proceso de terapia, se sintió preparado para viajar a Chile en febrero pasado. El reencuentro se concretó en Santiago y luego se trasladó a Coronel para pasar unos días con su madre biológica. En esa comuna obtuvo su certificado de nacimiento y conoció a uno de sus cuatro hermanos, sumándose al encuentro previo que tuvo en Miami con otra de sus hermanas y su sobrina.
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