El ejercicio físico es un pilar fundamental tanto en la prevención como durante y después del tratamiento del cáncer de mama. Diversas investigaciones señalan que mantenerse activa reduce los efectos secundarios del tratamiento, mejora la calidad de vida y disminuye hasta un 25% el riesgo de desarrollar la enfermedad o sufrir recaídas.
La práctica guiada por profesionales especializados puede transformarse en una herramienta indispensable para mejorar la calidad de vida. Una información que es de vital importancia en Chile, donde el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres.
Pero, ¿cuáles son sus principales beneficios? ¿Puede reducir el riesgo de que el cáncer vuelva a aparecer? ¿Qué tipo de ejercicios pueden realizar? Cristian Contador Cantillana, kinesiólogo, académico y actual jefe de carrera de la Escuela de Kinesiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), indicó de entrada a Diario Usach que existen "diversos estudios que han demostrado que realizar un programa de entrenamiento físico, que mezcle el entrenamiento aeróbico más el de fuerza, logra beneficios muy importante en el tratamiento de cáncer".
El tambie´n director del Laboratorio de Fisiología de la Clínica del Ejercicio, profundizó sobre este tema y reveló que se ha documentado bastante sobre esta materia. "El músculo al ser ejercitado libera una mioquina llamada Oncoestatina M (OSM) que en conjunto con la activación de células del sistema inmune entre las natural Killer (NK) logró disminuir el tamaño del tumor en un 60%", acotó.
Contador agregó que "las personas que junto a su quimioterapia agregaron terapia de ejercicio mejoran la efectividad de esta tratamiento".

Foto: Agencia Uno
¿EL EJERCICIO PUEDE REDUCIR EL RIESGO DE QUE EL CÁNCER VUELVA?
Un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina relacionan la actividad física con la supervivencia prolongada de mujeres con diagnóstico de cáncer de seno (mama) de riesgo alto.
En la investigación se señala que las mujeres que realizaban actividad física con regularidad antes del diagnóstico de cáncer y después del tratamiento tenían menos probabilidad de que el cáncer volviera o de que murieran en comparación con las mujeres que no hacían actividad física.
“Nuestros datos parecen indicar con claridad que, mientras más constante la actividad de las pacientes, mejores resultados de salud tuvieron”, dijo la autora principal del estudio, Rikki Cannioto, doctora y titulada en Educación, del Centro Oncológico Integral Roswell Park en Buffalo (Nueva York).
Sobre esta temática, el jefe de carrera de la Escuela de Kinesiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach, aseguró que "la y los pacientes que fueron sometidos a diversas formas de tratamiento, Cirugía, quimioterapia y/o radioterapia, que prosiguieron con un programa de entrenamiento combinado aeróbico más entrenamiento de fuerza, lograron reducir la recurrencia de cáncer en un 50%".
Por otro lado, el académico de la Usach reveló que fatiga relacionada con el cáncer es uno de los síntomas más prevalentes y discapacitantes durante y después del tratamiento oncológico. "Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados publicada en 2024 concluyó que el ejercicio físico reduce significativamente la fatiga en mujeres con cáncer de mama, siendo especialmente eficaces los programas que combinan ejercicio aeróbico y de fuerza", detalló.
El profesional señaló que la evidencia actual demuestra que el ejercicio combinado produce beneficios clínicamente relevantes sobre la depresión y la ansiedad en sobrevivientes de cáncer. El ACSM (American Collage and Sport and Exercise) señala que los programas que integran ejercicio aeróbico y resistencia generan mejoras consistentes en salud mental y calidad de vida.
Asimismo, un estudio publicado en JAMA Network Open (2025) reportó que el entrenamiento de fuerza resultó seguro en sobrevivientes de cáncer de mama y no produjo empeoramiento del linfedema.

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DOSIS DE EJERCICIO RECOMENDADA PARA MUJERES CON CÁNCER DE MAMA DURANTE Y DESPUÉS DEL TRATAMIENTO
Con datos tan contundentes sobre los beneficios, el kinesiólogo Cristian Contador Cantillana entregó una serie de recomendaciones sobre qué tipos de ejercicios son buenos, la cantidad que deben realizar y por qué son buenos hacerlos.
|
Componente |
Recomendación |
Evidencia clínica asociada |
|
Ejercicio aeróbico |
150 minutos/semana de intensidad moderada o 75 minutos/semana de intensidad vigorosa |
Reduce significativamente la fatiga relacionada con el cáncer, mejora la capacidad cardiorrespiratoria y la calidad de vida. |
|
Entrenamiento de fuerza/resistencia |
2-3 sesiones/semana |
Mejora fuerza muscular, funcionalidad, composición corporal, depresión y fatiga. |
|
Series |
1-3 series por ejercicio |
Suficiente para inducir adaptaciones neuromusculares y funcionales. |
|
Repeticiones |
8-15 repeticiones |
Adaptable según fase de tratamiento y condición física. |
|
Int |
60-80% de 1RM o esfuerzo percibido moderado (5-7/10) |
Ha demostrado ser segura incluso en pacientes con riesgo de linfedema. |
|
Grandes grupos musculares |
6-10 ejercicios por sesión |
Favorecen ganancias funcionales globales. |
|
Flexibilidad |
≥2-3 veces/semana |
Mejora movilidad de hombro y función del miembro superior. |
|
Actividad |
Reducir sedentarismo y promover movimiento frecuente |
Asociada a mejores desenlaces funcionales y metabólicos. |
|
Duración del programa |
Mínimo 12 semanas |
Los mayores beneficios se observan generalmente entre 12 y 24 semanas. |
|
Modelo con |
Ejercicio combinado (aeróbico + fuerza) |
Presenta los efectos más consistentes sobre fatiga, calidad de vida, depresión y función física. |
Además, el académico Usach detalló que, según el análisis conjunto del World Cancer Research Fund (WCRF) y el American Institute for Cancer Research (AICR), las mujeres físicamente activas presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar cáncer de mama en comparación con las mujeres sedentarias. Las revisiones sistemáticas y metaanálisis más recientes muestran reducciones del riesgo que oscilan entre un 10% y un 25%, dependiendo de:
- Nivel de actividad física.
- Etapa de la vida.
- Estado menopáusico.
- Índice de masa corporal.
- Volumen acumulado de ejercicio.
Los mayores beneficios se observan en mujeres que mantienen actividad física regular durante toda la vida.
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