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¿Existe la duración ideal para la siesta? Lo que dice la neurociencia sobre su utilidad y necesidad

Despertar en pleno sueño profundo provoca inercia del sueño, un estado de pesadez mental que desmonta la idea de que "a más tiempo en cama, mejor descanso". El académico de la Usach, Roberto F. Vera, explica cómo elegir el intervalo correcto.

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  • Sebastián Seymour Tapia

  • Martes 27 de octubre de 2026 - 11:14

En un panorama donde el bienestar psicológico muestra signos preocupantes de deterioro, las prácticas de higiene del sueño adquieren un rol fundamental. Según la duodécima ronda del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, "un 18,5% de los encuestados presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental", lo que representa la cifra más elevada registrada en los últimos cuatro años.

Entre los problemas detectados, las alteraciones en el patrón de descanso destacan con fuerza, pues el insomnio moderado a severo escaló del 8,6% al 14,3%, alcanzando su punto más alto desde agosto de 2021. 

Es en este escenario de agotamiento generalizado donde la siesta reaparece constantemente como un refugio cotidiano para intentar sobrellevar la fatiga.

Frente a la interrogante de si cabecear durante la jornada constituye una práctica adecuada, la neurociencia ofrece una mirada bien matizada. El académico Roberto F. Vera Salazar, profesor asociado de FACIDEM de la Universidad de Santiago, contó para Diario Usach que "la siesta es una conducta fisiológica normal y, en determinadas circunstancias, una herramienta útil para recuperar la alerta". 

No obstante, el profesor precisa los límites de esta costumbre: "el problema aparece cuando la siesta se convierte en una necesidad cotidiana para poder funcionar, especialmente si es larga. Ahí puede que no resulte reparadora o interfiera con el sueño nocturno".

Al abordar el debate sobre si existe una duración perfecta para una siesta, la evidencia científica descarta las fórmulas que sirvan a la mayoría de las personas. Salazar enfatiza que "no existe una duración ideal para todo el mundo", añadiendo que "depende de qué buscamos, de cuánto hemos dormido la noche anterior y del momento del día". 

Para quienes buscan una recuperación rápida de la atención sin quedar aturdidos, el académico sugiere que "una siesta breve de unos 10 a 20 minutos suele ser una buena opción", remarcando que "la idea importante es que no se trata simplemente de dormir más, sino de elegir una duración que se ajuste a lo que necesitamos".

Más allá de aliviar la fatiga inmediata, la investigación ha analizado si estas pausas impactan la función cognitiva y la consolidación de recuerdos. Sobre este punto, Vera aclara que "la conclusión es que una siesta no es solo un paliativo del cansancio, porque puede favorecer ciertos procesos de memoria. Pero tampoco es una fórmula para aprender más en cualquier circunstancia". 

Al respecto, el estudio de Leong y colaboradores (2023) publicado en Sleep demostró que, aunque reposar 10, 30 o 60 minutos mejoró el estado de ánimo y redujo la somnolencia en adultos jóvenes, "solo la siesta de 30 minutos produjo una mejora significativa en la codificación de información nueva frente a permanecer despierto".

Un obstáculo frecuente al intentar retomar las actividades tras una pausa diurna es la sensación de confusión y pesadez mental. El neurocientífico explica que "ese fenómeno tiene nombre, se llama inercia del sueño" y consiste en "un período transitorio en el que el cerebro todavía no ha recuperado por completo su estado de alerta después de despertar". Desde la perspectiva fisiológica, Vera remarca una analogía clave: "Desde el punto de vista neurofisiológico, despertar no es como encender una luz", puesto que las redes neuronales y los sistemas reguladores de la vigilia demandan un tiempo prudente para reorganizarse.

Para minimizar este aturdimiento y optimizar la higiene del descanso, la neurociencia entrega pautas concretas de acción. Vera aconseja "probar siestas de 10 a 20 minutos, preferentemente a primera hora de la tarde, y dejar un margen antes de realizar tareas que exijan mucha atención". Asimismo, destaca que "la luz natural y caminar un poco al despertar también pueden ayudar", agregando que en ciertos casos "la cafeína antes de una siesta breve puede reducir el aturdimiento posterior", aunque remarca que no constituye una solución universal.

Para concluir, la siesta debe concebirse como una herramienta complementaria y no como el sostén principal de la salud del descanso. En palabras de Vera Salazar, "si duerme suficiente por la noche, despierta descansada y una siesta breve le ayuda, no hay motivo para considerarla un mal hábito". 

Por el contrario, el especialista concluye con una reflexión contundente para la higiene del descanso: "Si necesita dormir durante el día para sobrellevar un cansancio persistente, la pregunta importante no es cómo optimizar la siesta, sino por qué no está descansando bien durante la noche".

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