Click acá para ir directamente al contenido

Noticias

Independencia tardía: Alto costo de la vivienda y cambios culturales retrasan la salida del hogar familiar

La Encuesta Casen reveló que actualmente más de 900 mil personas mayores de 31 años permanecen o han regresado al hogar familiar en Chile. Expertas advierten que el fenómeno ya no responde sólo a dependencia económica, sino también a nuevas formas de autonomía y convivencia intergeneracional.

  • Comparte
  • Disminuir tamaño de letra
  • Aumentar tamaño de letra
  • Fabián Escobar D.

  • Jueves 7 de mayo de 2026 - 15:59

Vivir con los padres después de los 30 años dejó de ser una excepción en Chile. Según un estudio de la Universidad Católica, basado en datos de la Encuesta Casen, actualmente más de 900 mil personas mayores de 31 años permanecen o han regresado al hogar familiar, consolidando una tendencia que se ha profundizado en la última década.

El fenómeno también se refleja en la percepción social. Una investigación de la Universidad de los Andes realizada en distintas comunas del país reveló que un 37,2% de los chilenos considera que no existe una edad límite para abandonar la casa de los padres, porcentaje que en las mujeres alcanza el 41,2%.

A esto se suma que un 30,7% cree que la edad adecuada para independizarse está entre los 25 y 29 años, mientras que un 24,1% considera que debería ocurrir antes, entre los 18 y 24 años.

Para la socióloga Teresa Pérez, académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), se trata de un fenómeno estructural y no sólo coyuntural. “Es un fenómeno que no sólo se da en Chile, sino también en otras regiones como Europa. Esta postergación de la salida de la casa de los padres está más o menos entre los 26 y 30 años, pero en Chile supera los 30”, explicó.

La académica indicó que uno de los principales factores es económico. “Poder tener una casa propia o un proyecto de arriendo es muy caro para los jóvenes. La estabilidad en el empleo también resulta difícil y eso complica acceder a créditos o cumplir con las exigencias para arrendar”, sostuvo.

Sin embargo, Pérez planteó que existen además cambios culturales que han transformado la manera en que las nuevas generaciones entienden la adultez y la independencia. “También se están postergando hitos de desarrollo de la vida autónoma adulta como conformar familia o tener hijos, no sólo por razones económicas, sino porque hoy se privilegian proyectos personales por sobre la constitución de pareja o familia”, afirmó.

En esa línea, agregó que muchas personas optan por continuar estudios de postgrado o combinar trabajo y formación académica, lo que dificulta alcanzar independencia financiera plena.

La psicóloga y docente de ADIPA, María José Jeldres, coincide en que el escenario responde a múltiples factores. “Hay un factor económico evidente, pero también cambios sociales importantes: estudios más largos, inserción laboral más inestable y una adultez que hoy se vive de formas más diversas, con tiempos y metas distintos a los de antes”, señaló.

En muchos casos, además, permanecer en la casa familiar no necesariamente implica dependencia económica o emocional. Jeldres explicó que también existen dinámicas de apoyo mutuo, especialmente cuando los padres son adultos mayores o requieren cuidados.

“Hoy las personas viven más años y las dinámicas familiares se han reorganizado, por lo que en varios casos no se trata de dependencia, sino de asumir responsabilidades y cuidados dentro de una lógica de sostén mutuo”, afirmó.

Pérez añadió que las nuevas generaciones tienen una visión distinta respecto de la autonomía. “Independencia y autonomía no necesariamente tienen que ver con tener un techo propio, sino con la posibilidad de tomar decisiones y desarrollar proyectos personales, aun compartiendo el hogar con los padres”, indicó.

No obstante, las especialistas advierten que la convivencia extendida también puede generar tensiones. Entre los principales conflictos aparecen la distribución de gastos, las tareas domésticas y las diferencias valóricas entre generaciones.

“Pueden aparecer conflictos por la división de tareas, de gastos o por perspectivas muy tradicionales versus otras más liberales”, explicó Teresa Pérez.

Desde el ámbito psicológico, Jeldres advirtió que el impacto puede ser ambivalente. “Para algunas personas representa contención y apoyo, pero para otras puede generar frustración, dependencia o sensación de estancamiento”, señaló.

Por ello, ambas expertas coinciden en que el principal desafío está en construir relaciones más horizontales dentro del hogar y establecer acuerdos claros sobre convivencia, responsabilidades y autonomía personal.

Te puede interesar