Acercar la cultura a la ciudadanía. Ese es el objetivo del nuevo espacio expositivo denominado MAC Sub-cero, que busca ser una pausa en medio de la rutina, un lugar para conectarse con el arte contemporáneo en sus múltiples expresiones.
En una época donde las personas no poseen el tiempo suficiente ni el dinero para acceder a expresiones artísticas, este proyecto permite democratizar la cultura y llevarla a espacios de tránsito masivo.
La iniciativa, que es una alianza entre Metro y la Universidad de Chile, transformará a la estación Bellas Artes en un nuevo espacio de encuentro entre arte y los usuarios que transiten por dicho lugar.
Según consigna la Universidad de Chile, MAC Sub-cero "se proyecta como una plataforma de largo plazo, con una programación de activaciones periódicas —que incluirán conciertos, danza, performances, videoarte, paisajes sonoros y sesiones poéticas—, incorporando también la participación de otras unidades y espacios de extensión de la Universidad de Chile, así como de la comunidad".
La sala estará ubicada en los niveles inferiores de la estación Bellas Artes de la Línea 5 y su inauguración está prevista para el segundo semestre de este año. El proyecto considera tanto instalaciones permanentes como intervenciones temporales, donde se busca poner en valor el espacio público y renovar constantemente la experiencia de quienes transitan por la estación.
Para el presidente de Metro, Guillermo Muñoz, quien reveló que existen 89 obras de MetroArte y 25 puntos de Bibliometro, este nuevo proyecto se consolida como "una forma de trabajo donde el arte es parte de la experiencia cotidiana".

Foto: MetroArte
LA IMPORTANCIA DE CONTAR CON ESPACIOS CULTURALES “AL PASO”
Para Teresa Pérez, socióloga de la Facultad de Humanidades de la Usach, la importancia de este tipo de iniciativas radica en “el acceso a espacios culturales que a veces son privativos de algunos grupos que cuentan con los recursos para poder acceder a ellos”.
Por otro lado, Dante Castillo, sociólogo y académico Usach, indica que “vincular el arte con los espacios públicos en sociedades en desarrollo como la chilena, no es solo una cuestión de estética o decoración urbana. Según las disciplinas del urbanismo, sociología y gestión cultural, esta relación es una excelente herramienta de transformación social”.
“Estás acciones artísticas en espacios públicos permiten democratizar el acceso a la cultura, trasladando al ámbito de la vida cotidiana, las obras reducidas a los espacios de museos o galerías privadas, que también suelen tener un acceso limitado por barreras económicas o geográficas”, dice el sociólogo Usach.
En un lugar estresante como el Metro, donde el tiempo y el caos apremian, estos espacios tienen un relevante rol de cohesión social y un impacto en la salud mental. Para Teresa Pérez esta configuración distinta del espacio público "lo hace más atractivo, que también puede considerar que las personas se tomen el espacio público en torno a estas instancias culturales y, por lo tanto, el encuentro comunitario también pueda potenciar la posibilidad de que las personas se saluden, de que compartan sonrisas, incluso de que inicien alguna conversación, lo cual siempre es positivo para la salud mental de las personas y el tejido comunitario".
Para la socióloga Usach, este tipo de intervención permanente "rompe con el ensimismamiento de la rutina en el transporte y genera una sensación de que no estoy ocupando tiempo, que no tengo que destinar un tiempo específico a mi acceso a la cultura, sino lo que me traslado de un lugar a otro dentro de mis rutinas donde puedo tener esta instancia".
Una mirada con la que concuerda Castillo, quien profundiza que "en sociedades que enfrentan fragmentación social o crisis de identidad como la nuestra, el arte público actúa como un espejo y un pegamento que fortalece las identidades nacionales y su cohesión social".
Para el sociólogo este tipo de iniciativas otorgan "un sentido de pertenencia". El académico Usach plantea que esto ocurre "en la medida que las intervenciones artísticas permiten que la ciudadanía se reconozca en su entorno, transformando un lugar genérico en un lugar con significado. Además, funciona como un dispositivo de recuperación del tejido social, considerando que los procesos de creación y participación colectiva fomentan el diálogo entre los transeúntes y en el caso chileno, también reducen la percepción de inseguridad”.

Ahondando más en esto último, la socióloga Usach indica que “estas actividades y estos espacios se convierten en puntos de reunión, en las estaciones del metro, en el transitar y que también pueden ser espacios más seguros, porque si nos ponemos de acuerdo de vernos ahí y varias personas al mismo tiempo usan ese lugar como un punto de encuentro, también puede generar la sensación de seguridad al estar varias personas azarosamente reunidas ahí”.
Para Castillo estas expresiones artísticas urbanas actúan como "una rehabilitación urbana, y permmiten un fortalecimiento de la seguridad y presencia del Estado, sobre todo cuando desde las corrientes de urbanismo social se sugiere que el descuido físico de un espacio urbano “invita” al delito".
Para la académica Usach estas intervenciones artísticas de espacios muertos, lugares abandonados o degradados tienden "a ser más transitados y cuidados por la comunidad".
Por otro lado, para Dante Castillo las intervenciones artísticas que incluyen iluminaciones y nuevos diseños, que por lo general incluyen mejoras en la infraestructura, "aumentan la percepción de seguridad y fomenta el uso del espacio público durante más horas al día".
LA EXPERIENCIA INTERNACIONAL
Teresa Pérez señala que “hay algunas experiencias internacionales donde efectivamente el medio de transporte es un pretexto para otro tipo de socialización, no sólo en términos de la cultura per se o la apreciación estética, sino también en términos de socialización política, porque la cultura o las expresiones culturales, la escultura, la pintura, la música también tienen ciertos encuadres que pueden impactar esta forma de pensar, de concebirse en colectivo”.
Estas experiencias no sólo muestran un excelente resultado para la salud mental, seguridad y en la forma de democratizar la cultura, también tendrían un factor relevante en el impulso de la economía. Así lo evidencia Dante Castillo, quien indica que "las evidencias internacionales también señalan que estas instalaciones artísticas urbanas, generan un impulso a las economías locales, debido a que el arte público puede ser un motor de desarrollo económico tangible".
Para ejemplificar esto, el sociólogo Usach destaca que este “turismo cultural” "se aprecia en la Comuna 13 en Medellín o Wynwood en Miami. Pues, a partir de una acción primera, un espacio público puede transformarse en un distrito artístico. El arte atrae visitantes y genera ingresos para pequeños comercios locales".
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