A pocas horas de que José Antonio Kast asuma la presidencia tras el cambio de mando con Gabriel Boric, el foco del debate político comienza a trasladarse hacia el periodo que marcará el tono de su administración: los primeros 100 días de gobierno. Para el cientista político y académico de la Universidad de Talca, Mario Herrera Muñoz, ese tramo inicial es clave para instalar agenda, medir gobernabilidad y responder a las expectativas ciudadanas.
Según explicó el investigador del Magíster en Gobernanza, Innovación y Gestión Pública, este periodo suele conocerse como la “luna de miel” presidencial, una etapa en que la aprobación del mandatario tiende a acercarse al resultado electoral que lo llevó al poder y le entrega un margen poco habitual para marcar prioridades.
“Los primeros meses no son un momento para tantear el terreno, sino para disputar el espacio del ‘gobierno de emergencia’ que muchas veces exige la ciudadanía cuando percibe urgencias acumuladas”, señaló Herrera, quien advierte que en ese lapso se define buena parte de la percepción pública sobre la capacidad de conducción del nuevo Ejecutivo.
Sin embargo, esa “luna de miel” no tiene duración asegurada. El académico plantea que su extensión dependerá del nivel de conflicto político y social que enfrente la nueva administración. Si las tensiones se instalan rápidamente en Palacio de La Moneda, el periodo favorable puede acortarse. En cambio, si se consolida una idea de gobierno de unidad, el respaldo inicial tiende a prolongarse.
En ese escenario, Herrera pone especial atención en el proceso de instalación del equipo de gobierno. A su juicio, uno de los riesgos es la posible falta de experiencia estatal en algunos ministros o autoridades, lo que podría dificultar la ejecución de las medidas anunciadas. “Una cosa es hacer un análisis y otra cosa es pasar a la ejecución”, subrayó.
El cientista político también advierte que muchos gobiernos comienzan su mandato con promesas de alto impacto que luego enfrentan obstáculos de implementación o contingencias imprevistas. Ese desfase entre expectativa y resultado puede tensionar rápidamente la relación con la ciudadanía si las políticas anunciadas no se traducen en cambios concretos.
Por lo mismo, sostiene que en los primeros 100 días suelen primar las señales rápidas y visibles por sobre las transformaciones estructurales. “Se premia lo efectista por sobre lo efectivo”, afirma, apuntando a medidas que se perciban en la vida cotidiana, como una mayor presencia policial en las calles o señales económicas que impacten en el bolsillo de las personas.
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