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Investigación

El hombre que cambió cómo entendemos los medicamentos: La historia del primer farmacólogo molecular de Chile

Desde su laboratorio, Juan Pablo García Huidobro, candidato a Premio Nacional de Ciencias Naturales 2026, impulsó una profunda transformación científica. Su legado trasciende ampliamente la investigación científica. A lo largo de su trayectoria ha formado a más de un centenar de investigadoras e investigadores.

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  • Belén Muñoz B.

  • Martes 28 de julio de 2026 - 11:56

  • Manuel Urra

En medio de estanterías repletas de libros, fotografías familiares y con su bata de laboratorio puesta, Juan Pablo García-Huidobro Toro (78) recuerda que su vocación por la ciencia surgió a temprana edad. “Desde muy joven me hacía preguntas”, relató el profesor titular de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), quien además es jefe del Departamento de Farmacología de la misma casa de estudios.

El destacado profesional recordó que uno de sus primeros maestros fue su padre. “Aprendí de él y encontré fascinante lo que me enseñó. En esa época, me parecía muy interesante cómo moléculas que vienen de las plantas cambian la conducta de los enfermos y, además, son absolutamente necesarias para el tratamiento de los enfermos”, rememoró.

Fue esa forma de pensar, enfocado en entender cómo funcionan los medicamentos, lo que lo hizo tener roces con profesores cuando entró a estudiar Medicina. “Los profesores me decían, pero tú esto es lo que tienes que saber, no te preocupes de cómo pasan las cosas. Y yo le dije, no, yo tengo otra inquietud”, aseguró.

Al profundizar sobre este tema, se dio cuenta que su camino era la farmacología, por lo que decidió irse por esa área. Luego, en la década del setenta, se fue a estudiar un doctorado en farmacología en la Universidad de California, en San Francisco, en una época de revolución científica que lo hizo profundizar aún más en su forma de pensar.

Al regresar al país, el contraste entre la farmacología antigua, que solo probaba si algo funcionaba, y la revolución molecular que trajo sobre entender por qué y cómo interactúa a nivel atómico fue mirado con recelo.

“Al principio me costó que entendieran que había algo más que una farmacología muy descriptiva, que fue la que a mí me enseñaron, porque yo llegué con la idea de que había una farmacología más molecular que está relacionada con la forma como las moléculas interaccionan entre las morfinas, por ejemplo, y las proteínas y sus receptores a nivel celular”, recordó.

Con su experiencia y conocimiento, se transformó en el primer farmacólogo molecular que tiene Chile. Con su innovador método científico, fue pionero en el país. “Traje estas ideas que las pusimos a trabajar en el laboratorio y entonces, en vez de hacer una farmacología muy descriptiva, hicimos una farmacología muy de medicamentos, muy de mecanismos celulares para explicar cómo funcionaban a nivel celular y molecular. Establecimos las bases para poder estudiar una farmacología más molecular que tenía explicaciones mecanísticas relacionadas con cómo funcionan las moléculas”, comentó.

Sobre el mismo tema, acotó que “se puede decir que abrió el camino (en Chile). Trajimos esta idea de que las moléculas tenían un lenguaje, que no era un lenguaje descriptivo, sino que era un lenguaje celular”.

Su trabajo lo avala como candidato al Premio Nacional de Ciencias. Para el académico Usach esta postulación es un “orgullo” y planteó que “es bueno que una universidad estatal y pública como la Universidad de Santiago tenga esta postulación”.

SU DESTACADO ROL DE FORMADOR

Juan Pablo García-Huidobro Toro, quien siempre está rodeado de alumnos y alumnas, ya que tiene el laboratorio a pasos de su oficina, no solo destaca por su metodología y la forma en que la ciencia. Su rol formador es igual de relevante. Condujo más de 120 tesistas de pregrado, doctorado y postdoctorado. Se habla que formó escuela, con numerosos exalumnos que ocupan posiciones académicas de liderazgo en Chile, Europa, Norteamérica y Australia.

Debido a su destacado trabajo, en 2025 recibió el premio a la trayectoria en el XLVI Congreso Anual de la Sociedad de Farmacología de Chile, destacando su aporte a la investigación y la formación de estudiantes.

“No hice las mismas clases que yo recibí cuando estudié, que eran muy descriptivas, sino que en mis clases veíamos cómo funcionaban los receptores y también la investigación de las formas celulares moleculares. Entonces, esa forma de enseñar impactó en todos los estudiantes, yo le hice clases a treinta generaciones de médicos”, aseguró.

El académico complementó que, gracias a esa forma de enseñanza, pudo formar a una gran cantidad de estudiantes “con esta visión de una farmacología muy basada en la biología celular, y no en una descripción de que las moléculas hacen lo que hacen porque lo hacen”.

Romper con los moldes, con los esquemas establecidos, es parte de su ADN, de su forma de pensar. El destacado profesional recordó que, como formador, “la ciencia la hacía en el laboratorio, donde venían los chicos de medicina y decían, “oye, profe, quiero hacer experimentos con usted, ya hagamos esto, démosle un tema y veamos esto”. Parte de la formación no solo es en la sala de clases, sino que también en el laboratorio”.

Para el candidato al Premio Nacional de Ciencias esa mirada distinta era clave en la formación. “Impactaba a los alumnos porque aprendíamos el pensamiento lógico-deductivo propio de los médicos, pero con una visión más molecular. O sea, se enferman las personas porque cambian moléculas, proteínas, o el funcionamiento de las células que hace que uno se enferme. Y eso era muy revolucionario", detalló.

Su forma de pensar, pionera para la época, llevó a que distintas escuelas de medicina solicitaran su opinión y enseñanza. “Me acuerdo que decían, “llámenme a este gallo para que nos explique estas cuestiones”. Pero todo eso costó”, rememoró.

LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN

Su contribución también se ha expresado en el ámbito de la innovación. Participó, junto a otros científicos de la Universidad de Santiago de Chile, en el desarrollo de una patente y realizó importantes aportes al estudio de los receptores opioides kappa y de los mecanismos involucrados en la analgesia producida por la morfina y otros opioides.

Más recientemente, en colaboración con la Dra. Carolina Mascayano, identificó un novedoso sitio de modulación alostérica de la enzima 5-lipooxigenasa (5-LOX), hallazgo que podría constituir un nuevo blanco terapéutico para el desarrollo de fármacos antiinflamatorios más seguros que los disponibles en la actualidad.

Su legado, y su forma de pensar, también va de la mano con sus creencias. Para Juan Pablo García-Huidobro Toro la ciencia y la religión van de la mano. “Soy creyente, creo en Dios, el que hizo todas las cosas, todo lo que hizo es fantástico, las neuronas son increíbles”, acotó.

“Para mí la idea es descubrir cómo funcionan las células, en el contexto de su entorno, con el medio ambiente, con sus características genéticas, y eso para mí es real, porque yo creo que Dios Padre fue el creador, por lo que no separo la ciencia de la religión, al contrario, lo trato de unir, ciencia y fe”, comentó.

Para el destacado profesional, la ciencia y la fe pueden complementarse. “Pueden estar unidas. Creo que todo lo que hacemos hay que darle una relevancia, hay que darle una proyección y una perspectiva. Entonces, ser un investigador o un científico creyente me hace, primero que todo, con mucha humildad decir que el creador fue el que hizo todas estas cosas. Los humanos somos cuerpo y espíritu, o sea, hay una parte del mundo nuestro que también tenemos que llegar a entenderlo con mucha humildad y también con su sabiduría”, concluyó.

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