El tradicional cañonazo de las 12 podría volver a escucharse en el centro de Santiago. La Municipalidad de Santiago inició las gestiones para recuperar esta costumbre, suspendida desde 2019, y solicitó a Fábricas y Maestranzas del Ejército de Chile (Famae) realizar labores de mantenimiento al histórico cañón utilizado para efectuar la señal sonora que durante décadas marcó el inicio del mediodía en la capital.
El arma, fabricada en Alemania en 1910, fue sometida hace unos días a trabajos de mantenimiento y durante esta jornada será nuevamente revisada para verificar que cumpla con las condiciones técnicas necesarias para retomar su funcionamiento.
El alcalde de Santiago, Mario Desbordes, señaló que la recuperación del cañonazo se enmarca en una iniciativa más amplia destinada a rescatar elementos tradicionales de la comuna. “Estamos en un proceso de recuperar la comuna con seguridad, orden, limpieza, el comercio; los números nos avalan, hemos tenido buenos resultados. Y también hemos querido recuperar las tradiciones que identifican a Santiago”, sostuvo.
Desbordes explicó que el procedimiento no contempla el uso de proyectiles, sino únicamente una pequeña cantidad de pólvora destinada a generar el sonido característico. “El cañón no tiene proyectil, es solo una pólvora en cantidad baja que detona y produce ruido, nada más que eso”, precisó.
Para el historiador y académico de la Universidad de Santiago de Chile, Cristóbal García-Huidobro, el valor del cañonazo radica principalmente en su dimensión histórica y simbólica.
“La relevancia histórica yo creo que tiene que ver más con rescatar una tradición muy antigua en el centro de Santiago”, explica a Diario Usach. A su juicio, el regreso de esta práctica permite recuperar un elemento que formaba parte de la identidad sonora de la capital.
“Sinceramente, yo creo que es bonito que vuelva a una tradición que marcaba a Santiago, daba ciertos aspectos, le da un aspecto de continuidad y era muy tradicional y no era una tradición que hiciera daño alguno”, plantea el académico.
García-Huidobro sostiene que la importancia de la costumbre no está necesariamente en su utilidad actual, sino en lo que representa para la memoria de la ciudad. “Si dejó de existir, los santiaguinos pudieron seguir perfectamente con sus vidas, pero perdimos algo en el fondo, perdimos algo que era identitario de la ciudad y hoy día vuelve y en ese sentido creo que está bien que sea así”, señala.
El origen del cañonazo del mediodía, agrega el historiador, responde a una necesidad eminentemente práctica. En una época en que los relojes eran objetos poco accesibles y no existían los actuales mecanismos para conocer con precisión la hora, las personas dependían de referencias como la posición del sol o las campanadas de las iglesias.
“En una época donde los relojes eran caros y escasos, y donde la gente en el fondo tenía que adivinar la hora ya fuera por la posición del sol o por las horas canónicas, que se tocaban las campanadas desde las iglesias, en realidad saber exactamente la hora era difícil en Santiago”, explica.
En ese contexto, el disparo del cañón se convirtió en una señal pública para marcar el mediodía. Según García-Huidobro, la tradición comenzó en Santiago en 1824, cuando el sonido permitía a los habitantes sincronizar sus actividades con una referencia común.
“Se decidió que por lo menos el mediodía quedara marcado por un cañonazo y se empezó a disparar desde el año 1824”, relata.
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