En enero de este año, el Ministerio de Salud informó que casi la mitad de los niños y niñas de entre 10 y 14 años que viven en Chile presentan signos de sobre peso u obesidad. En resumen, el 20,59% de los menores de 5 a 10 años tiene sobre peso y el 16,16%, obesidad.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta última condición se define como una enfermedad crónica basada en “una acumulación excesiva de grasa perjudicial que se evalúa mediate desviaciones típicas el grupo edad”.
Consultado en relación con los números registrados en el país, Tito Pizarro, médico cirujano con especialidad en Pediatría, y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, afirma que las cifras “ya no suben tan rápido como pasaba hace 10 o 15 años atrás”.
“La ley de etiquetado de alimentos ha sido muy exitosa y determinante para disminuir la prevalencia de la obesidad incluso en los niños más pequeños que están iniciando su vida escolar”, señala y a su vez, sostiene que “obviamente, necesitamos más cosas para que efectivamente esta enfermedad no solo se detenga sino que comience a disminuir, particularmente, en el grupo de los adolescentes”.

Para que esto pase, el especialista apunta a la realidad alimenticia de los entornos en los cuales conviven diariamente los niños y adolescentes. “Han habido avances en que los ambientes en los que se mueven los escolares sean más saludables. Pero ‘oh sorpresa’, vemos que ellos llegan a sus colegios o escuelas con comidas que no son saludables. Eso indica que los estudiantes están trayendo desde sus casas alimentos que tienen muy poca calidad nutricional y con muchos sellos”, dice Pizarro.
Lo expuesto por el facultativo es una de las “luces rojas” que existen en este problema de salud pública. Por lo mismo, subraya que “el desafío es construir quioscos al interior de los colegios y las escuelas en donde se surta de alimentación saludable a bajos precios o de forma gratuita”.
En relación a las mejoras pendientes, el cirujano apunta al rol que tiene la Junaeb. “El reto que tienen es asumir que, en los recreos (y en los espacios libres) que tienen los niños y las niñas puedan acceder a alimentos más saludables. Los programas alimentarios deben tener como desafío el poder competir con las colaciones que los chicos y chicas traen desde sus hogares (con la inclusión de frutas, verduras y lácteos). Y a eso se suma el establecimiento de una restricción más efectiva a los alimentos poco saludables en el entorno escolar”.
Sobre la efectividad de este último punto, Pizarro señala la necesidad de tener una mejora en el rol fiscalizador para que los jóvenes no se vean expuestos a productos de mala calidad nutricional cerca de sus establecimientos educacionales.
“Cuando uno sale de las escuelas, generalmente se ven muchos negocios en donde se venden alimentos de poca calidad. Y eso debería tener un mayor control”, destaca el académico.
En esa línea, en Chile actualmente está vigente la Ley N° 20.606 (Composición Nutricional de los Alimentos y su Publicidad), normativa que prohíbe la venta, promoción, regalo y publicidad de alimentos que contengan sellos de advertencia "alto en" (calorías, azúcares, grasas saturadas o sodio) al interior de los establecimientos de educación parvularia, básica y media en Chile.
El texto legal rige, de manera estricta, al interior de los colegios y jardines infantiles del país (sean públicos o privadas) pero no ataca a la comercialización de “comida chatarra” en el entorno de estos organismos, por lo que, perfectamente, se pueden vender fuera de estos.
“Yo creo que (regular la venta de alimentos no saludables) sería un tremendo avance para que enfrentemos, de verdad, la obesidad en todas sus dimensiones”, subraya el médico pediatra.
En ese mismo camino, el facultativo subraya la necesidad de fortalecer las llamadas políticas de subvención. “Por ejemplo, dando herramientas a los feriantes para que puedan adquirir alimentos a menores costos para luego venderlos a la población”, dice. “Hay que pensar en eso para que las familias más vulnerables puedan tener acceso a frutas, verduras y legumbres”.
Pero la temática del sobrepeso que está atacando a la población joven del país no se restringe únicamente a los productos que se venden dentro y fuera de los colegios. En esa línea, el profesional señala que “sin lugar a dudas, una canasta saludable en el Chile de hoy es mucho más cara una canasta básica normal conformada por productos ultraprocesados y llenos de sellos de advertencia”.
Por lo mismo, el facultativo expresa que esto genera “un desafío estructural para el país si es que queremos, de verdad, mejorar la condición de salud de nuestros niños, niñas y adolescentes. Debemos actuar sobre situaciones de vulnerabilidad y territoriales en donde los recursos financieros de nuestras familias no alcanzan para financiar alimentos de calidad. No solo es marketing ni educación, sino que también se trata de disponibilidad”.

Pizarro sostiene que la población chilena tiene un alto indicador de inseguridad alimentaria debido a las dificultades existentes para la adquisición de comida saludable, por lo que una buena cantidad de gente se ve obligada a optar por productos de baja calidad nutricional y que resultan más baratos.
MENOS PANTALLAS Y MÁS EJERCICIO
Además de una mejor alimentación, Tito Pizarro también apunta a otros factores que pueden favorecer a una disminución de los índices de obesidad infantil en Chile. “La actividad física, la disminución del uso de pantallas y una vida activa dentro de las escuelas están al debe”, sostiene.
“Se está avanzando en la famosa Ley de los 60 minutos (Ley N° 21.778), que se promulgó el 25 de noviembre de 2025, y que estable que durante lapso de tiempo se realice actividad física, pausas activas y recreos entretenidos. Eso es un ‘check’ súper bueno y ojalá que sea bien implementado, ya que es un tremendo desafío para el sistema educacional chileno. Esto se comenzará a implementar el próximo año, con los alumnos ‘más chiquititos’ hasta cuarto básico, y después, en los años siguientes, se extenderá hasta llegar a la educación media”.
“Nuestro sistema escolar tiene una brecha en las horas de actividad física”, dice el especialista y sostiene que estas deberían ser aumentadas. “Eso, más el cero uno de pantallas en las escuelas, significa un paso significativo para hacer que nuestros niños, niñas y adolescentes tengan más acceso al movimiento y al bienestar” dice.
Y, al concluir, Tito Pizarro sostiene que para bajar los niveles de sobrepeso en Chile “es clave la decisión política para avanzar en ese sentido y ver, de verdad, en como disminuir las brechas. De lo contrario, vamos a seguir teniendo una población de niños y niñas que se alimentan mal, con productos poco saludables, con malas condiciones de salud. Y eso repercute en sus rendimientos académicos, en su vida diaria y futuro, en sus enfermedades crónicas”.
Te puede interesar
¿Existe la duración ideal para la siesta? Lo que dice la neurociencia sobre su...
Martes 27 de octubre de 2026
Estudio sostiene que personas LGBTI+ duplican el riesgo de depresión y conducta...
Lunes 26 de octubre de 2026
¿Quedarse con la ropa mojada enferma? Lo que dice la ciencia ante este mito...
Jueves 22 de octubre de 2026
