El Observatorio Vera C. Rubin, situado en el Cerro Pachón, Región de Coquimbo, comenzó oficialmente la “Investigación del Espacio-Tiempo como Legado para la Posteridad (LSST)”.
Este proyecto científico registrará imágenes del cielo austral durante los próximos diez años, operando en un formato de cámara rápida "time-lapse" ultra amplio y de altísima definición para crear el registro más completo de un Universo en constante cambio.
Con esta iniciativa, financiada por la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) y el Departamento de Energía (DOE) de Estados Unidos, Chile consolida su liderazgo internacional en astronomía, al albergar más del 50% de los grandes telescopios ópticos terrestres del planeta.
La instalación destaca por combinar una alta capacidad de recolección de luz con la cámara digital más grande del mundo, un instrumento de 3.200 megapíxeles capaz de capturar una nueva imagen aproximadamente cada 40 segundos.
El objetivo principal de la misión LSST es profundizar en la cosmología y la astrofísica modernas, aportando datos clave sobre la materia oscura, la energía oscura y las leyes fundamentales del cosmos.
Al fotografiar cada punto del cielo unas 800 veces a lo largo de la década, el telescopio generará cerca de diez terabytes de datos por noche y emitirá hasta siete millones de alertas sobre cambios nocturnos fugaces.

Durante su reciente fase de optimización de un mes y medio, el Rubin ya demostró ser una potente máquina de descubrimientos al identificar más de 11.000 asteroides nunca antes vistos, incluyendo 33 objetos cercanos a la Tierra y 380 transneptunianos.
SE VIENE UNA AVALANCHA DE DESCUBRIMIENTOS
A propósito de la puesta en funcionamiento del telescopio, Diario Usach conversó con Sebastián Pérez, astrónomo y académico del Departamento de Física de la Universidad de Santiago.
“Se viene una avalancha de descubrimientos. Especialmente en el Sistema Solar. Rubin será particularmente poderoso encontrando objetos pequeños y débiles: asteroides cercanos a la Tierra, objetos transneptunianos (como Plutón), cometas que serían indetectables con otros instrumentos, y quizá también visitantes interestelares como los 3 que hemos recibido en los últimos años”, consigna el astrónomo.
El Vera C. Rubin funciona como un telescopio tipo "survey” o sondeo, especializado en observar grandes áreas del cielo de forma rápida y continua, en lugar de enfocarse en un solo objeto específico.
“Eso permite descubrir todo aquello que cambia: estrellas que varían, explosiones de supernovas, asteroides que se mueven, cometas, objetos lejanos del Sistema Solar e incluso fenómenos raros que quizá todavía no conocemos o no sabemos clasificar bien”, destaca Pérez.
Uno de los objetivos más ambiciosos y prometedores del proyecto LSST es la detección y comprensión del fenómeno de la materia oscura. “La materia oscura no emite luz, pero tiene gravedad. Entonces la forma de “dibujarla” es mirar cómo su gravedad afecta la luz de objetos que están detrás. A esto le llamamos lente gravitacional. En la mayoría de los casos el efecto es sutil: pequeñas deformaciones en la forma aparente de millones y millones de galaxias”, dijo el académico.
“Necesitamos muchas galaxias, imágenes muy profundas y una calidad de datos muy controlada para medir esas distorsiones diminutas: eso lo entregará Rubin”, puntualiza Pérez, quien proyecta que el telescopio “permitirá mapear con mucho detalle la evolución del Universo y así entender mejor las fuerzas que le dan forma. Eso es clave para saber si nuestra idea actual de la cosmología está bien encaminada o si hay física nueva escondida en los datos”.
El telescopio también representa un desafío tremendo para los científicos de nuestro país. “La astronomía moderna ya no consiste sólo en saber apuntar un telescopio; implica manejar volúmenes gigantescos de datos, desarrollar algoritmos, formar personas en ciencia de datos, inteligencia artificial, instrumentación, ingeniería, visualización y educación científica”, relevando la necesidad de adaptación de las universidades y sus mallas de estudio frente a las necesidades reales de la observación espacial", señala el académico.
“Ahí es donde iniciativas como nuestra carrera de Astrofísica con mención en Ciencia de Datos en la Universidad de Santiago adquieren mucho sentido: se busca precisamente responder a este nuevo escenario, formando profesionales que no sólo comprendan el universo, sino que también sepan trabajar con las herramientas computacionales y tecnológicas que hoy hacen posible estudiarlo, finaliza el Astrónomo.
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