Los humanos no son los únicos que actúan de forma diferente dependiendo de quien les observe, también las abejas melíferas bailan (y comunican) de forma más precisa cuanto más público tienen en la colmena, según constata una investigación.
Habitualmente, cuando una abeja melífera recolectora regresa a la colmena se ocupa de comunicar a sus compañeras la información sobre el lugar donde ha encontrado comida mediante una danza rápida y compleja.
Mientras los otros insectos voladores le prestan atención, la recolectora corre hacia delante meneando su abdomen, luego da la vuelta y repite la actuación en cuestión de segundos.
El ángulo de la danza de meneo indica la dirección del alimento en relación con el sol, y la duración de la actuación ofrece una idea de la distancia que hay hasta la fuente de alimento.
Pues bien, al igual que los músicos o bailarines callejeros adaptan sus actuaciones a un público cambiante, las abejas varían su meneo en función de sus espectadoras, como ha podido comprobar un equipo internacional de investigadores con dos experimentos.
Sus conclusiones aparecen recogidas este lunes en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
“Todo el mundo ha visto a un artista callejero adaptarse a un público cambiante. En la colmena, observamos algo similar. Cuando hay menos abejas siguiéndolas, las bailarinas se mueven más mientras buscan a su público, y la danza se vuelve menos precisa”, explica uno de los autores, James Nieh, biólogo en la Universidad de California en San Diego.
LOS SECRETOS DE LA DANZA DE LAS ABEJAS
Nieh, en colaboración con científicos de la Academia China de Ciencias y de la Universidad Queen Mary de Londres, se reprodujo la “pista de baile” de las abejas melíferas en las colmenas reales en otras de tipo experimental, que vienen a ser como una especie de “laboratorio vivo” para estudiar esta especie.
En la primera parte de su experimento, evaluaron el baile de las recolectoras en función de diferentes tamaños de público. En una segunda parte, mantuvieron fijo el número de “abejas espectadoras”, pero han cambiado la edad de las abejas introduciendo obreras jóvenes, que no suelen estar interesadas en seguir los bailes.
En ambos escenarios experimentales, las bailarinas han sido menos precisas al actuar ante un público más reducido.
Los investigadores creen que la razón es que cuando hay menos seguidoras, las bailarinas dedican más tiempo a moverse y recorren mayores distancias, probablemente en busca de público, lo que reduce la precisión de la información codificada que trasmiten con la danza.
“Nuestros datos muestran que la precisión de una señal de comunicación puede depender de la disponibilidad social de receptores, no solo de la motivación del emisor”, destaca otro de los autores, Ken Tan, investigador del Jardín Botánico Tropical de Xishuangbanna, en China.
Pero, ¿cómo perciben las abejas bailarinas el tamaño y la composición de su público? Los científicos observaron que las abejas que observan a las “bailarinas” establecen contactos antenales y corporales con ellas, y que esas señales táctiles ofrecen información clave sobre la audiencia.
“Nuestro estudio demuestra que las abejas melíferas bailan mejor cuando saben que alguien las está observando. Cuando escasean los seguidores, las bailarinas deambulan en busca de oyentes y, al hacerlo, sus señales se vuelven más difusas”, apunta por su parte, Lars Chittka, investigador de la Universidad Queen Mary de Londres, en un comunicado.
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