“Me carga este cambio de horario, me deprime”. Ese comentario se repite todos los años cuando se atrasan los relojes 60 minutos y marcan las 23.00 horas. En esta ocasión, ocurrirá el 4 de abril, justo para Semana Santa.
“No se puede hacer nada”, “siento que se acabó el día”, “ya está de noche” y “solo me queda ir a dormir”, son algunas de las frases que se repiten entre las personas antes y después de que se cambia la hora del reloj.
Este efecto sicológico es más común de lo que se piensa y son múltiples las razones que explican por qué uno se siente desanimado. Gabriel Prosser, psicólogo ambiental y académico de la Escuela de Psicología de la Usach, abordó este tema y también la típica frase que muchos y muchas usan cuando se hace efectivo el cambio de hora.
Sobre por qué las personas dicen que “los deprime”, el profesional aclaró que "eso tiene que ver con un uso cultural de la expresión me deprimo, bastante amplio en Chile. La verdad es que por sí sola, en un sentido clínico, el cambio de hora no genera depresión necesariamente”.

Eso sí, Prosser profundizó sobre las emociones que sí puede tener una persona. “Puede generar una sensación muy fuerte de desajuste, de decaimiento, de pérdida de hábito. Y eso, combinado con otros factores psicosociales, pueden llevar a que un individuo desarrolle depresión. Desde la psicología ambiental, uno entiende que lo que sucede acá es una descoordinación entre los ritmos biológicos, sociales y ambientales, que afectan fuertemente a nuestro ser”, detalló.
El académico Usach planteó qué pasa cuando hay menos claridad solar. “Como somos un cuerpo que se regula con la luz, al haber un cambio de hora fuerte se altera nuestro sueño, se altera nuestra energía y potencialmente nuestro estado de ánimo. En ese sentido hay algo relacional muy importante. La luz organiza nuestra vida cotidiana”, acotó.
El profesional agregó que “es algo que desajusta la vida, genera un desajuste ecosistémico entre nuestro cuerpo, el entorno y la organización social del tiempo”.
SENTIR QUE SE TERMINÓ EL DÍA
¿Influye salir y que ya esté oscuro? ¿Se siente que el día terminó? El psicólogo ambiental reveló que, efectivamente, esto sí afecta a las personas. “La oscuridad, la falta de luz, pudiéramos decir, no es solo una condición física, es también un marcador simbólico y social. Culturalmente asociamos la noche con el cierre de los procesos, con la fiesta, con las situaciones sociales post trabajo o post la vida misma. Entonces cuando salimos ya de nuestra pega, de nuestro estudio y está todo oscuro, es normal que en Chile exista una sensación de que se acabó”, comentó.
El académico usach profundizó sobre este tema y manifestó que “no es solo un tema de luz, es como la luz estructura nuestras prácticas, nuestros vínculos y nuestras formas de habitar el día a día”.

Otro punto muy interesante es que, para muchos, el cambio de hora significa el término de la temporada estival. “Creo que se siente tanto el cambio de verano-invierno primero por este lado biológico que estamos reconociendo, que se altera nuestro ritmo biológico, ya que es un cambio muy fuerte porque la oscuridad generalmente se asocia a cosas más negativas en la sociedad, a soledad, a tener que guardarse antes, a inseguridad y, por lo mismo, es tal vez un cambio mucho más brusco para nuestra cultura”, planteó.
El profesional aseguró que “en el verano estamos acostumbrados a tener más tiempo de luz en la tarde, más vida al aire libre, hay una sensación de que nos alcanza más el tiempo, en cambio esto se termina un poquito cuando cambia la luz y nos viene una sensación de cierre de ciclo, no es solo que cambie la hora, sino que cambia la forma en que habitamos el tiempo, el espacio, los vínculos y eso evidentemente tiene efectos en emociones reales. Las personas podemos experimentar no sólo depresión sino también cierto grado de ansiedad, ciertos problemas y trastornos del sueño, entre otras posibilidades”.
HERRAMIENTAS PARA EL CAMBIO DE HORA
Ante estas complejas sensaciones y emociones que se pueden experimentar es vital tener alguna herramienta para que el ajuste en el reloj no sea tan brusco. Para Prosser es vital dejar de tener una visión tan individual e individualizante sobre estos temas. “Hay condiciones que son estructurales, el horario laboral, el transporte, la seguridad, cómo se encuentra configurada la sociedad y eso influye mucho en cómo nos sentimos”, afirmó.

El psicólogo ambiental comentó que es vital resignificar el uso de la tarde y la noche. Pero además recomendó “ir generando una adaptación sistémica paulatina al horario, cambiar pequeños rituales, hacer activaciones más temprano y a la vez disminuir el uso de pantalla en las últimas horas del día”.
Agregó que “como estamos cambiando hacia un horario que pudiéramos asociar más a la oscuridad, no perderse la exposición a la luz del día. En Santiago, y en muchas de las grandes capitales regionales del país, la gente pasa del medio de transporte al trabajo, y después de la jornada, de vuelta al medio de transporte y luego a la casa. Por mismo, mucha gente puede perderse la exposición a luz solar, lo que es muy importante”.
Otro punto que detalló el académico Usach es que, en los días del cambio horario, lo mejor es “no aislarse, estar atento a las situaciones sociales, ya que no porque parezca que estamos viviendo una vida con menos luz, nos vamos a encerrar en nuestro propio espacio”.
Por último, aseguró que es necesario “cuidar el descanso, dormir bien, intentar mantener cierto horario, estructurar el horario los niños y niñas de manera diferente”.
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