Hace una década, los bancos y servicios financieros concentraban buena parte de los locales comerciales de Santiago Centro. Hoy, ese paisaje urbano ha comenzado a modificarse. Restaurantes, cafeterías, comida rápida, farmacias, ópticas, centros de salud, servicios de cuidado personal y tiendas de vestuario ocupan cada vez más espacio en las calles del casco histórico.
Así lo muestra el informe “High Street Santiago Centro 1S 2026”, elaborado por la consultora inmobiliaria CBRE, que detectó una recuperación gradual de la actividad comercial a pie de calle. La tasa de desocupación de locales llegó a 12,48%, completando tres semestres consecutivos de descenso.
El estudio analizó 1.661 locales comerciales, equivalentes a 306.728 metros cuadrados, y registró una absorción de 3.268 m² durante el primer semestre de 2026. La cifra representa un aumento de 37,6% respecto del periodo anterior y permite que el comercio a pie de calle acumule cerca de 8.000 m² de absorción neta entre 2025 y 2026.

La transformación también se observa en los rubros predominantes. En 2015, los servicios financieros representaban el 24% del comercio de Santiago Centro. Actualmente, esa categoría cayó al cuarto lugar, con un 13% de participación. En contraste, restaurantes, cafeterías y comida rápida encabezan la oferta con un 20,46%, seguidos por vestuario, calzado y accesorios, con un 15%, y salud y cuidado personal, con un 14%.
Victoria Lanas, research analyst de CBRE Chile, explicó que el fenómeno no responde necesariamente a un retorno al centro que existía antes de la crisis social y sanitaria, sino a una reconfiguración de su actividad económica.
“Más que un retorno al centro de antes, lo que vemos es una recomposición del comercio a pie de calle. La menor vacancia y la mayor permanencia de los arrendatarios muestran un mercado más estable, aunque distinto al de hace una década. Hoy los servicios financieros pierden participación y ganan espacio rubros vinculados al flujo diario de personas, como gastronomía, salud, cuidado personal y servicios”, señaló Victoria Lanas.

Para Américo Ibarra, académico de la Universidad de Santiago y director del Instituto de Ambiente Construido de la misma casa de estudios, este cambio refleja una modificación profunda en la manera en que se utiliza y habita el centro capitalino.
“La dinámica estructural de la actividad comercial actual, con menos bancos y más restaurantes, cafeterías, servicios de salud y comercio, refleja de manera evidente un cambio en la manera en que se habita el centro de Santiago”, sostuvo.
El especialista vinculó esta transformación a los efectos que dejaron el estallido social y la pandemia, procesos que alteraron tanto los flujos peatonales como la oferta de servicios y los hábitos de consumo en el territorio.
“El espacio deja de ser principalmente un lugar de trámites y servicios financieros para convertirse en un entorno de consumo, encuentro y vida diaria. Esto sugiere que el centro está transitando hacia un modelo más vinculado a la experiencia urbana”, afirmó.
Ibarra añadió que la nueva oferta responde, en parte, a la presencia de trabajadores, empleados públicos, estudiantes, turistas y residentes que requieren servicios inmediatos durante su jornada. También planteó que el crecimiento de unidades habitacionales en algunos sectores podría estar aportando a una mayor demanda cotidiana por comercio, alimentación y atención de salud.
Sin embargo, el académico Usach advirtió que la recuperación sigue siendo desigual. A su juicio, sectores como Lastarria, Bellas Artes y el entorno de Plaza de Armas han mostrado señales más visibles de revitalización, impulsadas por la oferta gastronómica, cultural y turística.
“El Gobierno Metropolitano y la Municipalidad de Santiago han trabajado en recuperar ejes como Lastarria, Bellas Artes y el entorno de Plaza de Armas. En ellos, la oferta gastronómica y cultural ha revitalizado el espacio público y atraído inversión”, comentó.
En contraste, identificó desafíos persistentes en zonas como barrio Mapocho y algunos tramos de la Alameda, donde la inseguridad, el comercio informal y la falta de inversión sostenida continúan dificultando la llegada de peatones y nuevos negocios.
Otro de los retos, según Ibarra, es recuperar la actividad vespertina y nocturna que caracterizó al centro durante décadas. “Sería deseable que las condiciones ambientales y de seguridad que ofrece el centro de Santiago permitan modificar sus horarios de funcionamiento, de modo que sea posible recuperar los tradicionales funcionamientos de restaurantes y cafeterías con actividad en la tarde y noche”, señaló.
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