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Mucho más que vender libros: Los secretos de un librero en el corazón del Persa Bío Bío

Antes de convertirse en librero, la relación de Roberto Peña con la lectura comenzó hojeando cómics clásicos como Mampato, Tintín y Astérix. Hoy, con más de treinta años en el oficio, confiesa que aunque su trabajo lo motiva a diario, lo que realmente lo mantiene activo es la posibilidad de conversar con personas interesadas más allá del libro como objeto.

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  • Claudio Cortés Carvajal

  • Viernes 4 de septiembre de 2026 - 10:07

Dos personas hojean libros en un mesón del Persa Bío Bío. Entre los títulos acumulados destacan El mapa y el territorio de Michel Houellebecq, Desde el jardín de Jerzy Kosiński, la trilogía de bolsillo de El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien y El cuarto poder de Jeffrey Archer. Sin embargo, su interés se detiene en Para nacer he nacido, de Pablo Neruda. Tras acordar el precio con el vendedor, deciden llevárselo.

Antes de que se retiren, el librero Roberto Peña Álvarez se acerca para ofrecerles una verdadera "joyita". De una cajonera situada a la altura de su cabeza, extrae una Antología Popular del vate chileno. El texto, según les explica, data de 1972. Es una emblemática edición gratuita lanzada durante la Unidad Popular y prologada por Salvador Allende.

Este tipo de diálogos se repite con frecuencia los sábados, domingos y festivos, entre las 11:00 y las 17:00 horas. Para Roberto, un libro nunca ha sido un simple soporte de lectura.

Una vez que se retiran las clientas, el vendedor de libros usados reflexiona con Diario Usach sobre su oficio, señalando que las obras que comercializa son objetos vivos que traspasan generaciones, acumulan huellas y permiten "encontrarnos con voces de otras décadas y de otros mundos que desaparecieron hace siglos".

A su juicio, el libro, más allá del objeto material, tiene una vida propia donde se pueden “escuchar las voces del pasado". Por este motivo recomienda, frente a las novedades y los autores que presentan las editoriales, mirar y explorar entre las páginas de lo que ya está impreso. En ese ejercicio, se pueden encontrar con Marco Aurelio, Confucio o Miguel de Cervantes y oírlos. 

Peña revela que han pasado tres décadas desde que comenzó a aprender el oficio de librero. Instalado en su local del persa Bío Bío, comenta que su labor esconde una serie de saberes que se adquieren en el hacer.

EL INICIO: DECEPCIÓN Y CASUALIDAD

Si bien desde niño tuvo cercanía con los libros -con su hermano Luis eran asiduos a las librerías de San Diego- en un momento sus intereses se orientaron hacia el dibujo y el cómic

De este modo se aproximó, a finales de los años ochenta, a la escena underground chilena, donde descubrió publicaciones como Trauko, Ácido y Beso Negro. Su habilidad con el dibujo lo llevó a crear fanzines y a participar activamente en los encuentros del circuito santiaguino, llegando incluso a organizar sus propios eventos.

Fue precisamente por esa época que conoció a Lito Méndez, un librero que comercializaba historietas y libros en Plaza Brasil. El encuentro marcaría un giro inesperado en su trayectoria. 

Un día de 1995, Roberto llegó al local de Méndez para entregarle poleras que había diseñado. Luego el vendedor de textos le ofreció que lo acompañara en su puesto. Primero fueron unos minutos, luego una tarde, hasta que finalmente surgió la posibilidad de trabajar juntos.

Acompañar a Lito le cambió la forma de pensar. Roberto estudió diseño con mención en publicidad y venía saliendo de una agencia, experiencia que lo decepcionó, por lo que esa particular jornada lo marcó a fuego. Su intención inicial tampoco era convertirse en librero. Su objetivo era mantenerse cerca del ambiente de dibujantes, historietistas y aficionados al cómic que frecuentaban el local, pero sin darse cuenta comenzó a aprender un oficio que terminaría acompañándolo hasta el día de hoy. 

DEL CÓMIC AL LIBRO USADO

La crisis asiática fue un colapso financiero que comenzó en 1997 con la devaluación de la moneda en Tailandia, que se extendió rápidamente a otras naciones del continente y luego al mundo. 

A Chile, los efectos del colapso económico llegaron con fuerza en 1998. Para Roberto fue un punto de inflexión, puesto que varias librerías comenzaron a cerrar. Entre las que bajaron definitivamente las cortinas, estaba la tienda de Lito Méndez

Con el finiquito —cerca de 200 mil pesos entre dinero, cómics y libros— y otros ejemplares adquiridos a coleccionistas, instaló su propio puesto en el Persa Bío Bío. Al principio vendía cómics y libros de editoriales como Andrés Bello y Oveja Negra. Sin embargo, descubrió que la reposición de historietas era mucho más compleja que encontrar lotes de libros usados.

Por esos días, su trabajo consistía en ensayo y error. “Obviamente uno comete errores. Era como un experimento. Comprar bien, calcular precios, reconocer ediciones y venderlas a buen precio. Fue una etapa de empezar a conocer a los clientes, a los coleccionistas y comenzar a armarse con las herramientas que te entrega la experiencia”, recuerda.

Para armar su catálogo, recorrió distintos sectores de Santiago buscando ejemplares. Ferias ubicadas en Peñalolén, Renca, la población José María Caro y Avenida Teniente Cruz fueron algunos de los sectores donde encontró material.

Igualmente comenzó a visitar casas particulares y a establecer contacto con profesores universitarios y bibliotecas que necesitaban liberar espacio. En ocasiones le vendían sus colecciones o simplemente se las donaban. En ese recorrido se encontró con los libros firmados que le fueron mostrando una arista que no había considerado. Cada obra tiene su propia biografía

"Fue un caso emblemático para mi como librero. Un joven buscaba un libro para su abuelo, un volumen que el caballero había tenido en su juventud y perdido durante una mudanza. El ejemplar llegó a mis manos y, tras varios años, el nieto lo descubrió aquí. Sorprendentemente, el libro aún conservaba la dedicatoria de la persona que se lo había obsequiado originalmente al anciano, lo que provocó una gran emoción en el abuelo cuando recibió", recuerda.

EL VALOR DE UN EJEMPLAR 

Respecto a su relación con los clientes, dice que los gustos son relativos. Algunos llegan preguntando exclusivamente por el éxito editorial del momento y, si no está disponible, se marchan. Otros prefieren recorrer los estantes, conversar y dejarse sorprender por un título que originalmente no tenían contemplado. Asimismo, están los coleccionistas, que buscan autores, ediciones o ejemplares específicos y están dispuestos a pagar precios considerablemente mayores.

Entre los libros más particulares que han pasado por sus manos, recuerda un ejemplar de Pablo Neruda que aparentemente estaba firmado por el poeta. Algunas personas consultadas aseguraban que la firma parecía legítima y otras tenían dudas, pero nunca pudo comprobarse la autenticidad de la rúbrica del vate. Finalmente, un abogado lo compró por doscientos  mil pesos.

Más alto fue el precio alcanzado por una colección completa de Winston Churchill sobre la Segunda Guerra Mundial, encuadernada en cuero. Permaneció cerca de dos años esperando comprador hasta que finalmente fue vendida por trescientos mil pesos.

Este episodio, refleja una de las particularidades del negocio del libro usado. Además del título, “en el valor final importa la edición, el estado de conservación, la encuadernación, una firma, una dedicatoria y, en ocasiones, la historia que acompaña al ejemplar”, afirma. 

LIBRERO O VENDEDOR DE LIBROS

Para él existe una diferencia entre vender libros y ejercer el oficio de librero. Un vendedor puede conocer títulos, precios y tendencias comerciales. A su juicio el librero, en cambio, conversa, recomienda, conoce las particularidades de los ejemplares y es capaz de transmitir la historia que existe detrás de ellos.

Esa característica adquiere todavía mayor importancia cuando se trabaja con libros usados. Una firma, un párrafo subrayado, una dedicatoria o las marcas dejadas por el tiempo pueden convertir un objeto aparentemente corriente en una pieza única. Puedes encontrar pequeñas maravillas”, remarca. 

Explica que existen libreros capaces de memorizar cientos de títulos y autores. Otros pueden escuchar el nombre de una obra, indicar una página determinada y prácticamente citar de memoria uno de sus párrafos. "Pero no se trata de haber leído todos los libros disponibles", asegura. 

¿DESAPARECERÁ EL LIBRO IMPRESO?

Con respecto a la posibilidad de que los libros físicos desaparezcan por la irrupción de las irrupciones digitales, el librero Roberto Peña lo duda.  

“En una época decayó el vinilo, el cassette, el VHS y el DVD, este último desplazado por el streaming y las plataformas digitales. Sin embargo, el libro físico ha resistido desde la época de Gutenberg a la posibilidad de desaparecer. Aunque es verdad que el interés ha disminuido un poco, el formato impreso conserva un valor único”, explica. 

A su juicio, las nuevas generaciones “definirán el destino y el formato” de la lectura. No obstante, “creo que tenemos, por lo menos, 100 años más de libros impresos”, enfatiza y concluye.  

Tienda física: Sábados, domingos y festivos en galpón Nuevo Bio Bio, calle Bío Bío 654, Local 268, pasillo 2. 

Redes Sociales: Instagram: @libros.aparte  

Facebook: Libros Punto Aparte

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