La posibilidad de trabajar a distancia o bajo modalidades híbridas se ha convertido en una de las principales herramientas para compatibilizar las responsabilidades laborales con la vida personal y familiar. Sin embargo, para los trabajadores y trabajadoras de Chile el desafío no termina cuando finaliza la jornada: desconectarse efectivamente del trabajo aparece como la principal dificultad para lograr una verdadera conciliación.
Así lo muestra un estudio de Rankmi, que consultó a trabajadores sobre los principales obstáculos para compatibilizar el trabajo con su vida familiar y personal. Entre los profesionales chilenos, un 21,6% identifica como principal dificultad desconectarse del trabajo fuera del horario laboral, por encima de dedicar tiempo a la familia (17,5%). En tanto, un 21,2% señala no enfrentar mayores dificultades.
La situación se relaciona con una realidad laboral marcada por la hiperconectividad. Según el estudio, a nivel general, un 23,8% de los encuestados menciona la desconexión fuera del horario como su principal problema, seguida por la dificultad para dedicar tiempo a la familia (16,6%) y para encontrar momentos destinados al propio bienestar (16,3%).
“En la era de la hiperconexión el trabajo es portátil, lo podemos llevar a todos lados. El descanso, no. Eso es lo que hoy las personas identifican como su mayor dificultad, incluso por sobre el tiempo con su familia o con uno mismo. Es decir, 23,8% de los encuestados se están llevando la oficina para la casa”, señaló Felipe Cuadra, Chief HR Officer de Rankmi.

El escenario adquiere especial relevancia a partir de la Ley 21.645 de Conciliación de la Vida Laboral, Familiar y Personal, vigente desde enero de 2024. La normativa permite que quienes tengan a su cuidado niños menores de 14 años o personas con discapacidad puedan solicitar trabajo a distancia, mientras que las empresas deben responder por escrito a estas solicitudes en un plazo de 15 días.
Sin embargo, para Pedro Lucero, psiquiatra y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, la existencia de una regulación no necesariamente garantiza que los trabajadores logren descansar.
“La ley puede generar condiciones que favorezcan la conciliación, pero desde el punto de vista de la salud mental eso no garantiza necesariamente una verdadera desconexión. Podemos terminar formalmente nuestra jornada y seguir trabajando mentalmente durante horas: pensando en lo pendiente, anticipando problemas o revisando mensajes”, sostuvo en conversación don Diario Usach.
El especialista explica que el problema no se limita al tiempo efectivo dedicado a responder correos o mensajes. La exposición prolongada a demandas laborales puede mantener activo el estado de alerta incluso después de terminada la jornada.
“Desde las neurociencias sabemos que nuestro cerebro necesita períodos reales de recuperación después de una exposición sostenida a demandas cognitivas y emocionales. Si el trabajo invade permanentemente esos espacios, mantenemos activos sistemas asociados al estrés, la vigilancia y la anticipación, dificultando esa recuperación”.
EL DESAFÍO DE LA HIPERDISPONIBILIDAD
El trabajo remoto o híbrido es precisamente el principal elemento que los trabajadores chilenos identifican como facilitador de la conciliación, con un 28% de las menciones. Le siguen el respeto por los tiempos de descanso y desconexión, con 24%, y el apoyo de las jefaturas directas, con 16,2%. En contraste, los beneficios específicos para el cuidado familiar alcanzan apenas un 4,8%.
Para Lucero, esta valoración del trabajo flexible debe ir acompañada de cambios en la cultura interna de las organizaciones.
“Por eso, el teletrabajo puede ser una excelente herramienta de conciliación, pero también tiene una paradoja: elimina la frontera física entre el lugar donde trabajamos y el lugar donde descansamos. La ley puede proteger el tiempo; la cultura organizacional tiene que ayudar a proteger también la desconexión mental”, comentó el psiquiatra, quien advierte que la disponibilidad permanente puede instalarse incluso sin estar formalmente establecida en los contratos laborales.
“Las empresas tienen una responsabilidad importante porque la disponibilidad permanente muchas veces no está escrita en ningún contrato: se aprende culturalmente”.
En ese sentido, una práctica aparentemente cotidiana, como recibir mensajes laborales fuera de horario, puede terminar afectando la capacidad de descanso. “Si mi jefe me escribe a las once de la noche y espera respuesta, aunque oficialmente exista derecho a desconexión, mi cerebro aprende rápidamente que tengo que permanecer disponible. Aparece un estado de anticipación: revisar el teléfono, pensar si habrá llegado un mensaje o sentir culpa por no responder”.
De acuerdo con Pedro Lucero, esa anticipación es precisamente uno de los elementos que dificultan una recuperación efectiva. “Ahí entramos en un fenómeno muy interesante desde las neurociencias: para recuperarnos no basta con dejar de ejecutar una tarea; necesitamos disminuir también la anticipación de que esa tarea puede reaparecer en cualquier momento”.
Por ello, plantea que el desafío para las organizaciones no consiste únicamente en implementar horarios flexibles o modalidades de teletrabajo, sino en revisar las conductas que se premian y las expectativas que se generan entre los trabajadores.
“Por eso no basta con horarios flexibles. Las organizaciones necesitan revisar qué conductas premian: si se valora al que responde siempre, al que está conectado durante sus vacaciones o al que sacrifica sistemáticamente su vida personal, se termina construyendo una cultura de hiperdisponibilidad”.
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