Los amantes de las tunas deben hacer malabares para comerlas, porque a pesar de ser deliciosas, las espinas hacen que sea muy difíciles de digerir, al ser afiladas y complejas de quitar una vez que la fruta está cortada.
Es por esta razón que un grupo de investigadores de la Universidad de Santiago (Usach), el FIA (Fondo de Innovación Agraria) y productores de tunas de Til Til (Región Metropolitana) llevan años trabajando en una tuna 2.0, libre de espinas, de fácil y práctico consumo.
Según informó Reporte Agrícola, se trata de un innovador proyecto que busca reemplazar la cáscara de la tuna por un nuevo desarrollo tecnológico. Se trata de una película comestible hecha a base de polímeros que permite consumir la fruta en forma directa y fácil, sin perder sus atributos organolépticos (aroma, sabor, color), además de sus beneficios nutricionales, ya que es rico en aminoácidos, fibra, magnesio, hierro, vitaminas, agua y betacarotenos.
De esta manera, se busca reemplazar la gruesa piel de la tuna con el propósito es otorgarle valor agregado a este fruto, incrementar su demanda y conseguir que la producción y exportación de tunas se fortalezca.

Laura Almendares, investigadora y académica del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Santiago (USACH), señaló que "el objetivo ha sido desarrollar una nueva tecnología que permite eliminar la piel de la tuna (pelarla) y reemplazar la piel retirada por una cubierta comestible, firmemente unida al fruto, lo que posibilita que éste siga respirando, manteniendo todas las funciones de un órgano vivo y fresco".
Almendares, quien lidera el proyecto, agregó que "también incluye la prolongación de la vida útil de los frutos tratados a más del doble, en comparación con las tunas no tratadas con esta solución".
La académica de la Usach afirmó que "los ensayos a nivel de laboratorio se han realizado mediante pelado manual y posterior aplicación de la película de recubrimiento a base de polímeros (macromoléculas orgánicas que también son la base del nylon, el polietileno y la baquelita).
La investigadora agregó que aún está en estudio para salir a mercado, pero "estamos probando la tecnología en paltas con piel y sin piel, y en arándanos. Dado que estamos haciendo algunas variaciones y viendo los primeros resultados, la idea después es pasar al licenciamiento".
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